Topic: Asentamientos informales

Webinarios

Transforming Informal Settlements: A New Policy Brief on Community Land Trusts

Octubre 29, 2026 | 10:00 a.m. - 11:30 a.m. (EDT, UTC-4)

Offered in inglés

More than 1.2 billion people currently live in informal settlements worldwide, and that number is projected to grow to three billion by 2050. Conventional responses—individualized titling and top-down upgrading programs—too often deliver public investment straight into the hands of speculators, displacing the very residents they were meant to help.

The International Center for Community Land Trusts, the Lincoln Institute of Land Policy, and the United Nations Human Settlements Programme (UN-Habitat) invite you to a conversation on the community land trust as a tool for transforming self-built informal settlements without displacing the people who live there. The session previews the upcoming policy brief, “Community Land Trusts: A Tool to Transform Informal Settlements to the Benefit of Resident Communities,” ahead of its publication. Drawing on the Caño Martín Peña CLT in Puerto Rico and emerging initiatives elsewhere in the Global South, this policy brief provides an overview of how CLTs can secure tenure and enable upgrading of informal settlements, and describes both the benefits to and challenges of implementation.

Speakers will bring legal, institutional, and on-the-ground perspectives to the conversation. The discussion is designed for public officials, CLT practitioners, community activists, and researchers working on land tenure and informal settlements around the world. The event will be conducted in English, with live captions available in 60+ languages to support accessibility.

Speakers

Enrique Silva, Chief Program Officer, Lincoln Institute of Land Policy (US)
Francesca Lionetti, Associate Expert, Housing Rights, Diversity and Inclusion, UN-Habitat (Germany, Kenya)
María E. Hernández-Torrales, Attorney, Community Economic Development Law Clinic, University of Puerto Rico; founding member, Caño Martín Peña CLT (Puerto Rico)
Ricardo Carneiro, Architect and Researcher, Estúdio Periférico; co-leading the Cova de Moura CLT effort
Tarcyla Fidalgo, Lawyer; Favela CLT Project Coordinator, Catalytic Communities; Program Lead, Global South CLT Initiative, International Center for CLTs; lead author of the policy brief (Brazil)


Detalles

Fecha(s)
Octubre 29, 2026
Hora
10:00 a.m. - 11:30 a.m. (EDT, UTC-4)
Fecha límite para la inscripción
October 29, 2026 11:25 AM
Idioma
inglés

Registrar

Registration ends on October 29, 2026 11:25 AM.


Palabras clave

vivienda

Una vista de la ciudad de Sao Paulo. Edificios altos rodean viviendas más pequeñas. Al fondo se ven montañas.

Segunda edición del Anuario de la vivienda de América Latina y el Caribe ya disponible

Por Luis Quintanilla, Enero 22, 2026

El Instituto Lincoln de Políticas de Suelo y CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe lanzaron la segunda edición del Anuario de la Vivienda de América Latina y el Caribe 2025 durante la Asamblea de MINURVI, celebrada del 3 al 5 de diciembre en Barbados. Este esfuerzo reafirma el compromiso de ambas instituciones con el fortalecimiento de la base estadística y analítica del sector de vivienda en la región, brindando información comparable y actualizada para orientar políticas públicas que fomenten ciudades más equitativas, sostenibles e inclusivas.

El Anuario 2025 consolida y amplía el esfuerzo iniciado en la primera edición. En esta nueva entrega, se incorporan los países Barbados, Honduras y Paraguay, alcanzando un total de 15 países con perfiles estadísticos comparables, lo que enriquece la base de datos regional y refuerza su utilidad como herramienta de análisis y toma de decisiones. En MINURVI, “el público destacó especialmente el enfoque de acceso abierto total del Anuario, que no solo pone a disposición los datos, sino las fuentes, las notas metodológicas, y el contexto necesario para garantizar tanto la comprensión como el uso riguroso y transparente de la información”, según Claudia Magalhaes Eloy, editora principal del Anuario. También, la plataforma digital del Anuario, la cual ha sido fortalecida, resaltó en la Asamblea. “Fue especialmente valorada la plataforma estadística de fácil acceso que respalda al Anuario, la cual permite generar gráficos y visualizaciones dinámicas, facilitando la interpretación de tendencias y el análisis comparado de los datos”, comenta Magalhaes Eloy.

El Anuario busca consolidarse como una herramienta de referencia para gobiernos, investigadores y actores del mercado que trabajan por ofrecer vivienda digna y mayor integración social en nuestras ciudades latinoamericanas. Los datos y análisis reunidos no solo permiten comprender mejor la realidad habitacional de la región sino también identificar oportunidades de transformación urbana que integren el suelo, la vivienda y la inclusión social en una agenda común de desarrollo.

Informalidad habitacional: el rol del acceso al suelo y al financiamiento

La cubierta del Anuario de la vivienda de América Latina y el Caribe muestra un mapa de América Latina y el Caribe en azul. El título se encuentra a lado del mapa.
El Anuario de la vivienda de América Latina y el Caribe está disponible en línea. El sitio oficial incluye también una plataforma estadística con la que se pueden generar gráficos y otras visualizaciones a partir de los datos proporcionados.

El tema destacado de la segunda edición del Anuario aborda uno de los desafíos urbanos más persistentes de América Latina: la vivienda informal y su relación con las políticas de uso del suelo y la planificación urbana. “Esta edición señala algunos aspectos de interés en un contexto de estabilización macroeconómica que convive con tensiones persistentes: la informalidad laboral que limita el acceso al crédito, la presión creciente sobre los alquileres y la dificultad de habilitar suelo bien localizado en entornos urbanos dinámicos”, menciona Mariana Poskus, Ejecutiva Principal de la Dirección de Hábitat y Movilidad Sostenible de CAF.

La proliferación de asentamientos informales en América Latina y el Caribe, lejos de ser un fenómeno marginal, constituye un proceso estructural vinculado a la interacción entre mercados de suelo poco accesibles, marcos regulatorios restrictivos, limitaciones en la planeación urbana y deficiencias en la provisión de infraestructura y servicios públicos. La consecuencia ha sido la consolidación de un patrón urbano caracterizado por la segregación residencial de carácter informal y la vulnerabilidad socioeconómica de millones de hogares. La dinámica de los mercados de suelo en la región explica en gran medida este resultado, ya que la escasez de suelo urbanizado con servicios adecuados, junto con la especulación inmobiliaria y altos costos de transacción, generan barreras de entrada al mercado formal de vivienda para los sectores de menores ingresos. Esta situación se ve agravada por la ausencia de mecanismos efectivos de oferta de vivienda social o suelo asequible, lo cual empuja a un amplio segmento de la población hacia soluciones informales.

La planeación urbana y las normativas de uso del suelo también han contribuido a la expansión de la informalidad. Regulaciones de suelo poco flexibles y procesos administrativos complejos excluyen a amplios sectores de la población del acceso formal a suelo y vivienda. A ello se suma el carácter frecuentemente excluyente de los reglamentos de zonificación, construcción y subdivisión, que suelen estar diseñados para hogares de ingresos medios y altos. Este sesgo eleva los costos del suelo y de la producción de vivienda formal, limitando la oferta accesible para los sectores populares. A su vez, la limitada capacidad de las autoridades locales para orientar el crecimiento urbano, sumada a restricciones presupuestarias, deriva en la falta de una planificación preventiva que promueva procesos de densificación de forma ordenada que anticipe la expansión de la mancha urbana y habilite suelo con servicios básicos de manera oportuna. La insuficiente cobertura de infraestructura y servicios públicos refuerza este círculo vicioso. En muchos casos, los asentamientos surgen y se consolidan en áreas donde el Estado carece de presencia efectiva, lo que genera déficits crónicos de servicios básicos como agua, saneamiento, electricidad y movilidad. “Al observar estos fenómenos en simultáneo, aparece una imagen más nítida de qué desafíos son estructurales, cuáles responden a ciclos económicos y dónde comienzan a surgir señales incipientes de cambio” señala Poskus.

Superar estos desafíos requiere un enfoque integral que combine políticas de acceso al suelo, flexibilidad normativa y fortalecimiento de la capacidad institucional y financiera de los gobiernos locales. Entre los campos de acción más relevantes se encuentran: la generación de suelo urbanizado asequible mediante mecanismos de gestión del valor del suelo y financiamiento de infraestructuras; la revisión de marcos normativos para permitir soluciones graduales y asequibles de vivienda; la implementación de programas de regularización o mejoramiento de asentamientos que integren servicios básicos desde una perspectiva inclusiva; y el desarrollo de instrumentos de planeación que anticipen el crecimiento urbano y lo orienten hacia un modelo sostenible y equitativo. En este sentido, el plan parcial Triángulo de Fenicia en Bogotá, así como el proyecto de mejoramiento integral Juan Bobo en Medellín, con sus respectivas limitaciones, muestran cómo es posible avanzar para generar suelo urbano con usos mixtos, reservar vivienda social en proyectos de redesarrollo, y reorganizar predios mediante planes parciales o intervenciones zonales, lo cual reduce barreras de acceso al suelo formal. Los marcos normativos adaptados (decretos, unidades de actuación, declaratorias de prioridad) permiten introducir flexibilidades y acoplar normativas a la realidad local. Las intervenciones integrales en estos proyectos combinan mejoramiento de vivienda, servicios públicos, espacio público, mitigación de riesgos y participación comunitaria. Si bien los desafíos logísticos, financieros y de coordinación siguen siendo importantes, este tipo de proyectos de transformación urbana muestran que, con voluntad política, apoyo técnico y recursos adecuados, se puede avanzar hacia un desarrollo más inclusivo.

En este mismo espíritu, la finalidad del Anuario es proporcionar una herramienta de consulta que sirva para apoyar la toma de decisiones en materia de políticas de vivienda y desarrollo urbano sostenible en la región. “Las políticas públicas efectivas se sustentan en información de calidad. Dada la complejidad del sector vivienda, los responsables de la formulación de políticas requieren datos precisos, confiables y actualizados. El Anuario responde a esta necesidad al consolidar una base de evidencia robusta, transparente y en permanente expansión, que no solo apoya mejores decisiones hoy, sino que también fortalece las bases para sistemas de vivienda más inclusivos y resilientes en toda la región en el largo plazo”, dice Magalhaes Eloy. Poskus añade, “Tal vez lo más valioso de esta segunda edición es que no busca ofrecer conclusiones definitivas, sino abrir debates con mejor información. Y en una agenda tan desafiante como la de la vivienda, creemos valioso contar con esa claridad inicial —saber qué mirar, cómo compararlo y qué preguntas hacer—”.


Luis Felipe Quintanilla es analista de políticas para el Instituto Lincoln de Políticas de Suelo.

Imagen principal: Una vista de la ciudad de São Paulo, Brasil. Crédito: Johnny Miller.

Adriana Hurtado Tarazona
Visita con un becario

Una perspectiva humana sobre la vivienda

Por Jon Gorey, Mayo 5, 2025

El Instituto Lincoln ofrece una variedad de oportunidades para investigadores que se encuentran transitando momentos tempranos y medios de sus carreras. En esta serie, hacemos un seguimiento de nuestros becarios para conocer más sobre su trabajo. 

Con una maestría en Planeamiento Urbano y un doctorado en Antropología, hace tiempo que Adriana Hurtado Tarazona se interesa por la relación entre el comportamiento humano y la organización urbana y, en especial, cómo y dónde eligen vivir las personas. Luego de recibir una beca para estudiantes de posgrado del Programa para América Latina y el Caribe (ALC) del Instituto Lincoln, dedicó años al estudio de megaproyectos de viviendas de interés social en las afueras de ciudades de Colombia; esto le permitió pasar mucho tiempo conversando con las personas que vivían allí, para conocer cómo experimentaban la comunidad y el entorno construido. 

Hoy, Hurtado Tarazona es profesora adjunta de Planificación, Gobernanza y Desarrollo Territorial en el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo (CIDER) de la Universidad de los Andes en Bogotá, Colombia. “Doy un curso introductorio sobre instrumentos de planificación del suelo, así que todavía sigo hablando de lo que aprendí gracias al Instituto Lincoln en un curso al que asistí en Quito allá por 2005”, comenta.

En esta entrevista, que se editó por razones de longitud y claridad, Hurtado Tarazona analiza por qué la vivienda debería tratarse como una política social en lugar de una política económica, comparte opiniones sorprendentes de los residentes de viviendas de interés social y, además, explica por qué puede ser mejor otorgar dinero para que las personas mejoren su vivienda antes que subsidiar la compra de viviendas nuevas.

JON GOREY: ¿Cuál es el enfoque general de su investigación? ¿Y cómo cree que contribuyó en ese trabajo la beca del Instituto Lincoln?

ADRIANA HURTADO TARAZONA: Recibí la beca para la tesis de maestría en 2006. Estaba analizando el impacto en el valor del suelo de un sector de la infraestructura de los sistemas de transporte público masivo en autobús (BRT, por sus siglas en inglés) en Bogotá: el TransMilenio. Ese era uno de los primeros estudios que se realizaban porque, en ese momento, el TransMilenio se había implementado hacía solo cuatro años, por lo que era muy nuevo. Buscaba documentar los cambios en el espacio urbano en el área circundante a las dos grandes estaciones, desde la perspectiva del mercado del suelo y desde la perspectiva de los residentes en la zona.

Me encantó participar del programa, porque conocí a muchos de los profesores y las profesoras vinculados con el programa de América Latina. Disfruté mucho la experiencia. Y, hace tres años, una de mis estudiantes recibió la misma beca que yo había recibido casi 20 años antes. Fue interesante participar de nuevo desde un lugar diferente, acompañar a mi alumna y ser testigo de cómo ella pudo experimentar los beneficios de la beca.

JG: ¿En qué está trabajando ahora y en qué le interesaría trabajar a futuro?

AHT: Ahora estoy trabajando en cuatro proyectos de investigación. Dos de ellos están relacionados con el tema principal de mi tesis doctoral, que es la vivienda de interés social y, más específicamente, la producción y expansión urbana de megaproyectos de vivienda de interés social en las fronteras urbanas. Uno de los proyectos que finalizaremos este año con la Universidad de York en Toronto se llama “Periferias verticales”. Analizamos el impacto subjetivo de vivir en la periferia, pero también el impacto en el planeamiento urbano y la gobernanza del proceso de metropolización, en el que las viviendas de interés social traspasan los límites de las ciudades colombianas. El otro proyecto se enfoca en el impacto económico del acceso a las viviendas de interés social. Analizaremos puntualmente cómo los hogares administrados por mujeres tienen que modificar su economía doméstica a fin de poder mantenerse al día con los costos para acceder por primera vez a una vivienda de su propiedad.

El tercero es el proyecto de infraestructura del cuidado de personas, liderado por la Universidad de Washington en Seattle. Se trata de un proyecto comparativo entre Belfast, Belo Horizonte (en Brasil) y Bogotá. Estudiamos historias sobre el cambio urbano en general y, en Bogotá, nos centramos en cómo el cuidado se convirtió en un foco de la política urbana, lo cual no sucedía hasta hace muy poco, y analizamos el nacimiento del sistema de CUIDADO distrital como una infraestructura urbana. Tenemos reglamentaciones nuevas que entienden que la infraestructura del cuidado está al mismo nivel que la del agua, el alcantarillado y las carreteras, lo cual es muy interesante, e intentamos documentar qué condiciones posibilitaron este cambio.

Y el último proyecto en el que estoy trabajando con el Instituto Lincoln se trata de una beca de investigación pequeña que recibí el año pasado. Quien está a cargo de la investigación es de Brasil y, junto con Argentina, Bolivia, Perú y Colombia, estamos tratando de hacer un análisis comparativo de las intervenciones que buscan apoyar la densificación.

Una vista aérea a la Manzana del Cuidado Manitas en Bogotá. Las muchas casas están organizadas por zonas y cada casa de la zona es del mismo color que las otras. Las casas se extienden sobre el paisaje y parte de la montaña, y rodean un edificio grande en el centro.
En 2020 se inauguró la Manzana del Cuidado Manitas en Bogotá, el primero de más de 20 establecimientos de la ciudad diseñados para brindar servicios a cuidadores. Crédito: LLANOFOTOGRAFIA (www.llanofotografia.com).

 

JG: ¿Hay algo que la haya sorprendido o que le haya resultado inesperado durante toda su investigación?

AHT: Les he preguntado a muchas personas si están contentas con sus viviendas a nivel general y la primera sorpresa fue desde una perspectiva urbanística. Quienes se dedican al urbanismo de forma local no suelen ver con buenos ojos estos megaproyectos de viviendas de interés social periféricos, masivos y estandarizados, porque se ubican lejos de la ciudad, están desconectados y presentan problemas de accesibilidad. Yo sabía eso y, entonces, me enfoqué en el trabajo de campo con esa perspectiva crítica en mente.

Sin embargo, cuando me senté con las personas, lo primero que me dijeron fue: “No, a mí me encanta esto. Me encanta el orden. Me encanta que todo sea estándar”. Lo que los urbanistas veían como una “ciudad inhabitable” o un “no-lugar”, a la gente le parecía bien: “Me gusta porque está planeado, es ordenado, es prolijo”. Eso fue lo primero que me sorprendió.

Y me sorprendió porque estas personas habían vivido en casas construidas por sí mismas en las que tenían más espacio y más flexibilidad en el uso de los espacios, además de que estaban mejor ubicadas en la ciudad. Pero, después de pasar más tiempo con ellos, me di cuenta de que se trataba de una cuestión de prioridades: como el mercado de viviendas no les permitía comprar en ningún otro lugar, eligieron ser propietarios a pesar del tiempo que debían pasar viajando, a pesar de estar lejos de la familia, los amigos y las redes de apoyo.

Sabían lo que estaban perdiendo, pero se trataba de una elección consciente de prioridades: “Estoy eligiendo esto, por sobre esto otro”. Y lo que priorizaban era la estabilidad de tener su propia casa, aunque fuera pequeña, estuviera lejos y costara mucho. Esta elección se relaciona de forma directa con las oportunidades de movilidad social que brinda este país, que se centran en el acceso a la propiedad. Ser parte de la clase media nueva en Colombia significa más que nada tener tu propia casa en las áreas formales de la ciudad, no en los barrios informales.

JG: En lo que respecta a su trabajo, ¿qué la mantiene despierta por la noche? ¿Y qué le da esperanza?

AHT: Lo que me preocupa es que la política de vivienda en Colombia, y creo que también en otros países, sigue la lógica del mercado inmobiliario, es decir, que la única forma de resolver el problema de la vivienda es construir viviendas nuevas y venderlas a hogares de bajos ingresos mediante subsidios. Pero también hay otras alternativas; existen muchas formas de abordar el problema de la vivienda.

En las ciudades colombianas, incluida Bogotá, el déficit cualitativo de vivienda es tres veces mayor que el déficit cuantitativo de vivienda. Esto significa que la cantidad de hogares que necesitan mejorar su vivienda es tres veces mayor que los que necesitan viviendas nuevas. Sin embargo, nuestra política de vivienda otorga todos los recursos y toda la atención a la construcción de viviendas nuevas. Si bien existen programas de mejora de viviendas en los vecindarios, no reciben suficiente presupuesto, no tienen la atención necesaria y no se los considera una manera legítima de resolver el problema de la vivienda.

Entonces, quisiera que cambie el enfoque y que se empiece a brindar más atención y más recursos para mejorar lo que ya tenemos, la ciudad que ya está construida. Esto sería beneficioso tanto para el medio ambiente como para la economía de las personas. Tiene muchas ventajas, pero por supuesto que es un proceso más lento. No involucra cifras muy grandes, ni es funcional al interés de los sectores inmobiliario y financiero.

Lo que me da esperanza es que hay ciertas intervenciones que están dando buenos resultados. Una de ellas es el apoyo a la densificación en barrios de origen informal. Se trata de programas que reconocen que hay barrios de origen informal, con viviendas construidas por quienes las habitan, que son más antiguos y que tienen una buena ubicación en la ciudad, por lo que ya tienen acceso a la infraestructura y los bienes y servicios urbanos, pero necesitan apoyo para crecer en altura.

Entonces, tenemos un programa que ofrece ayuda para reforzar la estructura y subsidios para que las personas construyan un segundo piso en sus casas. Esa unidad nueva la pueden ocupar ellas mismas, si son muchas, o pueden alquilarla a otras personas para tener una fuente nueva de ingresos. Opino que es un programa muy innovador, porque mejora la seguridad estructural de las casas y fomenta una mayor disponibilidad de viviendas, mientras que posibilita que los hogares de bajos ingresos obtengan ingresos nuevos a partir de la construcción de unidades nuevas.

El Estado está apoyando un proceso que sucedería de todos modos, con o sin su ayuda. Pero, con la intervención del Estado, las condiciones son mejores y más seguras, se trata de otra manera de invertir recursos públicos para solucionar el problema de la vivienda. De todas formas, estos son proyectos piloto de escala pequeña. En el futuro, quiero trabajar para buscar la manera de ampliar este proyecto y lograr que la mejora de la vivienda y el vecindario ocupe un lugar más central en la política urbana.

JG: ¿Puede hablar de la relación entre la antropología y el planeamiento urbano?

AHT: En todos los proyectos de investigación, intento pensar los procesos urbanos desde un punto de vista de la estructura, pero también de las experiencias de las personas, y creo que haber estudiado antropología y urbanismo me permite combinar esos enfoques. Es una combinación muy fructífera para observar los procesos desde diferentes perspectivas. Cuando se trata de temas técnicos, como los instrumentos de gestión del suelo o la recuperación de plusvalías, resulta útil conversar con quienes están pasando por ese proceso para tener más contexto sobre la situación.

Desde que hice la tesis de la maestría, tengo curiosidad por saber cómo entiende la gente el valor del suelo. En los contextos que analicé, las personas están muy preocupadas por los cambios en el valor del suelo de sus propiedades, pero las formas de lidiar con esos cambios o con la posibilidad de que esos cambios ocurran son muy diferentes.

Por ejemplo, para su tesis, mi alumna analizó desde una perspectiva etnográfica cómo las personas lidian con la incertidumbre que generan los retrasos en un plan de renovación urbana, cómo entienden el posible incremento del valor del suelo de su hogar y de qué forma esa aspiración de obtener una ganancia genera tensiones en la vida diaria respecto a otros valores del hogar, como el valor de uso.

Y me encontré con la misma situación en cuanto a las viviendas de interés social, es decir, la tensión constante entre pensar el hogar como un lugar para vivir y pensarlo como una inversión de la que quisieran sacar provecho. Esas dos narrativas, esos valores, están siempre en tensión, incluso si se trata de hogares de muy bajos ingresos, e impactan no solo en los comportamientos de la gente, sino también en el comportamiento de la comunidad, e incluso en cómo se relacionan con las instituciones públicas y la ciudad.

Esa es mi inquietud principal, y por eso combino hablar con las personas, estar con las personas y pasar el rato con ellas, con tareas más técnicas como analizar documentos, leyes, reglamentaciones y datos cuantitativos.

JG: ¿Sobre qué aspecto de las viviendas de interés social le gustaría que más personas entendieran?

AHT: Debemos entender que las políticas sobre la vivienda tienen que ver con las políticas sociales y no con las políticas económicas. En Colombia, así como sucede en otros países latinoamericanos que todavía no han caído en la hiperfinancierización, tenemos la oportunidad de evitar seguir la misma dirección que los Estados Unidos, España y otros lugares en los que la crisis de la vivienda está en su peor momento. Todavía no llegamos a ese estado.

JG: ¿Qué libro puede recomendar que haya leído hace poco o cuál es su programa de televisión favorito?    

AHT: Disfruté mucho la lectura del libro Préstamos fallidos, personas fallidas de Melissa García-Lamarca sobre personas endeudadas en Barcelona. Se trata de los impactos subjetivos de vivir endeudado y, además, de cómo la deuda no solo tiene que ver con un problema económico, sino también con un problema moral.

Estoy intentando vincular ese concepto con nuestro proyecto nuevo. Estoy empezando a leer análisis económico feminista y análisis económico antropológico, para entender en profundidad qué implica vivir con deuda y, en especial, una deuda por la vivienda, y qué impacto tiene en diferentes aspectos de la vida cotidiana. Porque la deuda no solo se limita a las hipotecas: las personas de bajos ingresos aquí tienen que recurrir a todo tipo de deudas, formales e informales, para cubrir el costo de vida. La deuda puede ser con un pariente, con el banco o puede ser una hipoteca, pero también puede haber deudas usurarias, como prestamistas o personas que cobran tasas de interés altas a hogares de bajos ingresos.

En cuanto a la televisión, intento ver contenido que no esté relacionado con estos temas. Estaba viendo Silo, una serie futurista distópica sobre una sociedad que vive en un edificio altísimo, pero bajo tierra: ¡algo muy deprimente! De todas formas, me gusta lo postapocalíptico.


Jon Gorey es redactor del Instituto Lincoln de Políticas de Suelo.

Imagen principal: Adriana Hurtado Tarazona de la Universidad de los Andes en Bogotá, Colombia. Crédito: Foto de cortesía. 

 

En muchas comunidades de todo el mundo, el desarrollo económico suele presentar un efecto secundario funesto: el desplazamiento de residentes pobres y vulnerables. A medida que una comunidad atrae empleos, empresas y personas, la demanda de vivienda y suelo puede causar la expulsión de sus residentes más pobres, ya sea por el desalojo forzoso o por el aumento del costo de vida. Si bien hay quienes creen que este es un resultado inevitable del desarrollo, no tiene por qué ser así.

En este estudio de caso multimedia, enfocado en el contexto de los asentamientos informales y la desigualdad extrema en Brasil, se destacan dos instrumentos urbanos innovadores diseñados en específico para evitar el desplazamiento y la desigualdad espacial: las operaciones urbanas (venta de derechos de desarrollo) y las zonas especiales de interés social (ZEIS). En este relato, se puede ver el efecto de combinar estos dos instrumentos para combatir el desplazamiento y, además, se resalta el impacto potencial de las ZEIS en las políticas de suelo y el planeamiento urbano en todo el mundo.

Adriana Hurtado Tarazona
Visita con un becario

A Human Perspective on Housing

By Jon Gorey, Mayo 5, 2025

The Lincoln Institute provides a variety of early- and mid-career fellowship opportunities for researchers. In this series, we follow up with our fellows to learn more about their work.

With a master’s degree in urban planning and a PhD in anthropology, Adriana Hurtado Tarazona has long been fascinated by the intersection of human behavior and urban form—especially how and where people choose to live. After receiving a graduate student fellowship from the Lincoln Institute’s program on Latin America and the Caribbean (LAC), she spent years studying social housing megaprojects on the outskirts of Colombia’s cities, speaking at length with the people who lived in them to learn how they experienced their community and built environment.

Today, Hurtado Tarazona is an associate professor of planning, governance, and territorial development at the Interdisciplinary Center for Development Studies (CIDER) at Universidad de los Andes in Bogotá, Colombia. “I teach an introductory course on land planning instruments, so I’m still talking about what the Lincoln Institute taught me back in 2005, when I went to a course in Quito,” she says.

In this conversation, which has been edited for length and clarity, Hurtado Tarazona discusses why housing ought to be a social policy versus an economic one, shares some of the surprising sentiments she’s heard from residents of social housing, and explains why paying people to upgrade existing homes may be a better solution than subsidizing new homebuyers.

JON GOREY: What is the general focus of your research, and how did your Lincoln Institute fellowship support that work?

ADRIANA HURTADO TARAZONA: I received the fellowship for my master’s thesis in 2006. I was doing an analysis of the impact on land values of some of the BRT infrastructure in Bogotá —the TransMilenio. It was one of the first studies; at the time, the TransMilenio had only four years of implementation, so it was very new. I was trying to document the changes in the urban space around the two big stations, from the perspective of the land market and from the perspective of the residents of the area.

It was very nice to be in that program, because I got to meet a lot of the professors linked with the Latin America program. I loved the experience. And three years ago, one of my students got the same fellowship that I got almost 20 years before. So it was really nice to now be in a different position, sponsoring my student, and she got to live the benefits of that fellowship.

JG: What are you working on now, and what are you hoping to work on next?

AHT: Right now I have four research projects—two of them are related to the main topic of my PhD thesis, which is social housing, specifically the production and urban expansion of social housing megaprojects in urban borders. One project, which we are finishing this year, is called vertical peripheries, with York University in Toronto. We analyze the subjective impact of living in the periphery, but also the impacts on urban planning and governance of this metropolitanization process, where the social housing overflows the urban limits of Colombian cities. The other one is focused on the economic impact of access to social housing. So we are going to analyze specifically how women-led households have to change their domestic economies to keep up with the costs of accessing homeownership for the first time.

The third one is the care infrastructure project, led by the University of Washington in Seattle. It’s a comparative project between Belfast, Belo Horizonte in Brazil, and Bogotá. We are trying to analyze stories of urban change in general, and specifically, in Bogotá, we are analyzing how care became a focus of urban policy, which was not the case until very recently, and we are analyzing the birth of the district CARE system as urban infrastructure. We have these new regulations that understand care infrastructure at the same status as water, sewage, and roads, which is very interesting, and we are trying to document how that could happen, under what conditions did that happen?

And another thing I’m doing with the Lincoln Institute is a small research grant from last year. The main researcher is from Brazil, and along with Argentina, Bolivia, Peru, and Colombia, we’re trying to do a comparative analysis of interventions that try to support densification.

Small buildings of many colors, including swaths of mustard yellow and aqua, spread across a hillside in Bogota, Colombia. In the foreground is a CARE block, a multi-story facility that provides child care, education, wellness classes, and other services for caregivers.
The Manitas Care Block in Bogotá opened in 2020, the first of more than 20 facilities in the city designed to provide services for caregivers. Credit: LLANOFOTOGRAFIA (www.llanofotografia.com).

 

JG: What’s something surprising or unexpected you’ve learned in your research?

AHT: I have been asking people if they’re happy with their homes, in general, and the first surprise was from an urbanistic perspective. Local urbanists are very critical of these peripheral, massive, standardized, social housing megaprojects, because they are far away from the city, disconnected, with problems of accessibility. I knew all that, and I came to the fieldwork with this very critical perspective.

But then I sat with people, and the first thing they told me was, ‘No, I love this. I love the order. I love that everything is standard.’ Everything that urbanists see as the ‘unlivable city’ and the ‘nonplace,’ the people were saying, ‘No, I like this because it’s planned, it’s orderly, it’s clean.’ That was the first thing that surprised me.

And it surprised me more because they had lived before in self-constructed houses where they had more space, more flexibility of spaces, and they were better located in the city. But then when I spent time with them, I started realizing that this is part of the trade-off people make, because the housing market didn’t allow them to buy anywhere else, and they prioritized homeownership in the formal city over the time they had to spend in transport, over being close to family, to friends, to networks of support.

They knew what they were losing, but this was part of a very conscious trade-off: I am losing this, but I’m gaining this. And the thing they were gaining was the stability of their own home, even if it was small, far away, and very expensive. And that has a lot to do with the opportunities that this country gives to people for social mobility, which are narrowly focused on having access to property. Being part of the new middle class in Colombia means primarily having your own home in the formal city, not in the informal neighborhoods.

JG: When it comes to your work, what keeps you up at night? And what gives you hope?

AHT: What worries me is that housing policy in Colombia—and I think this is the case in other countries also—follows the logic of real estate agents, that the only way to solve the housing problem is to build new housing and sell it to low-income households with subsidies. But we also have lots of alternatives and lots of different ways to address the housing problem.

In Colombian cities, including Bogotá, the qualitative housing deficit is three times more than the quantitative housing deficit. So that means three times more households need better housing and not new housing. But our housing policy gives all the resources and all the attention to building new housing. Neighborhood housing upgrade programs exist, but they don’t have enough budget, they don’t have enough attention, and they are not seen as the legitimate way to solve the housing problem.

So what I really wish we would do is to change the focus and to start paying enough attention and giving enough resources to upgrading what we already have, the built city. It would be environmentally better, economically better for people. There are a lot of advantages, but of course, it’s a slower process. It doesn’t show lots of big numbers, and it doesn’t follow the interest of these real estate and financial sector agents.

What gives me hope is that we have some interventions that are showing good results. One of them is the support for densification in informal-origin neighborhoods. These are programs that recognize that there are neighborhoods of informal origin, with self-constructed homes, that are older, they have good locations in the city, they already have access to the urban goods and services and infrastructure, but they need support to grow in height.

So we have a program here that offers help in structural reinforcement, and they offer subsidies for people to build a second floor on their houses, and then that new unit they could use to live in, if they are crowded, or they could rent it to other households, so they have a new source of income. I think it’s a really innovative program, because at the same time, it ameliorates housing availability and the structural security of the houses, and also gives low-income households the opportunity to have new income from these new units.

The state is supporting a thing that will happen anyway, with or without their help. But if the state intervenes, it happens better, it happens more securely, and it’s a different way to invest public resources to solve the housing problem. But these are small pilot projects. So the thing I want to work on in the future is to figure out how to scale this up and make housing and neighborhood upgrading a more central part of urban policy.

JG: Can you talk about the connection between anthropology and urban planning?

AHT: In all my research projects, I try to understand urban processes from above and from the ground, and I think the combination of having studied anthropology and urban planning allows me to do that. It’s a very good way to understand one process from different perspectives. And specifically for technical topics, such as land management instruments or land value capture, when you talk to people that are living the process, you can amplify your understanding.

Since my master’s thesis, I’ve been curious about how people understand land value. In the contexts I studied, people are very preoccupied about the changes in land value of their properties, but they deal with those changes, or prospective changes, in very different ways.

For example, my student’s thesis was analyzing ethnographically how people deal with the uncertainty of the delays of an urban renewal plan, how they understand the prospective land value increment of their home, and how that aspiration of profit implies tensions in daily life with other values of their home, like the use value of their home.

And I have found the same thing in social housing, this constant tension between the home as a place for living and the home as an investment, from which they are interested in profiting. Even if they are very low-income households, those two narratives and values of home are always in tension, and they impact not only their individual behaviors, but also their community behaviors, and even their ways of relating to public institutions and the city.

So that’s my main curiosity, and that’s why I combine talking to people, being with people, and just spending time with them, with more technical things like analyzing documents, laws, regulations, and quantitative data, too.

JG: What’s one thing you wish more people understood about social housing?

AHT: We need to recenter housing policy as a social policy and not as an economic policy. We have the opportunity in Colombia, and other Latin American countries that have not yet fallen into hyper-financialization, to not follow the trajectory of the United States, of Spain, of places in which the housing crisis is worse now than ever; we are not yet in that state.

JG: What’s the best book you’ve read lately, or a favorite TV show you’ve been streaming?  

AHT: I really enjoyed reading Melissa García-Lamarca’s book about people in debt in Barcelona, Non-Performing Loans, Non-Performing People. It’s about the subjective impacts that living in debt has on people, and how we understand debt as not only an economic issue, but also as a moral issue.

I’m trying to link that with our new project. I’m starting to read feminist economic analysis and anthropological economic analysis, to have a very deep understanding about what living in debt, and housing debt specifically, means for people, and what impact does this have on different aspects of their daily lives. Because here, debt is not only restricted to mortgages—low-income people here have to resort to all kinds of formal and informal debt to pay their living costs. So it’s debt with a relative, debt with a bank, the mortgage, and then it also links even to criminal debt, a criminal lender, people that charge illegally high interest rates to low-income households.

I try to watch TV on really unrelated topics. I was watching Silo, which is a dystopian futurist series about people that live in a high rise, but it’s subterranean—which is really depressing! But I like these post-apocalyptic things.


Jon Gorey is a staff writer at the Lincoln Institute of Land Policy.

Lead image: Adriana Hurtado Tarazona of Universidad de los Andes in Bogotá, Colombia. Credit: Courtesy photo.

 

Eventos

Land Policy Conference on Digitalization

Mayo 22, 2025 - Mayo 23, 2025

Cambridge, MA

Offered in inglés

The world is changing rapidly with digitalization. How can we ensure that our engagement with technology remains equitable and responsive?

This conference will examine the current and future impacts of digitalization on land policy. It will focus on aspects of power, purpose, and policy: who is driving these changes; what opportunities and risks are emerging; and what regulatory gaps or challenges will affect this area. After identifying the trends and tools, panels will examine the people, institutions, and ethics of digitalization, before forecasting the impacts in a new digital future.

This event is by invitation only. 


Detalles

Fecha(s)
Mayo 22, 2025 - Mayo 23, 2025
Ubicación
Cambridge, MA
Idioma
inglés

Palabras clave

catastro, mitigación climática, desarrollo económico, gestión ambiental, inequidad, Ley de suelo, desarrollo urbano