Topic: Conservación del suelo

A panda cub sits among the branches of a eucalyptus tree

Ciudades esponja y el hábitat del panda

La incursión de The Nature Conservancy en China
Por James N. Levitt y Emily Myron, Octubre 31, 2017

Paradójicamente, China surge como un líder global innovador en iniciativas ecológicas, cuando acaba de superar a Estados Unidos como fuente principal de emisiones de dióxido de carbono en todo el mundo (Global Carbon Atlas, 2016). La agencia oficial de noticias Xinhua destaca: “Luego de la llegada del esmog y los suelos contaminados gracias a varias décadas de expansión veloz, China se aleja invariablemente de la obsesión con el PIB y se acerca una filosofía de crecimiento equilibrado que enfatiza más el medio ambiente” (Xiang, 2017).

China fue el país que creó más energía solar en 2016. En enero de 2017, el gobierno anunció planes para invertir RMB 2,39 billones (US$ 361.000 millones) en generación de energías renovables para 2020, según la Administración Nacional de Energía. En septiembre, el gobierno también prometió prohibir la venta de autos a combustible y diésel, pero no especificó la fecha (Bradsher, 2017). Además, para lograr lo prometido en el Acuerdo climático de París, en noviembre de 2017 lanzará el mercado de “derechos de emisión” de carbón más grande del mundo, cuyo objetivo será la generación de energía por carbón y otros cinco sectores industriales que emiten carbono (Fialka, 2016; Zhu, 2017).

Una de las iniciativas ecológicas terrestres son las “ciudades esponja”, diseñadas para gestionar la filtración de agua de tormentas y evitar las inundaciones urbanas; otra, son los trabajos de conservación para proteger la calidad del agua y preservar el hábitat de la vida silvestre. El Centro de desarrollo urbano y políticas de suelo de la Universidad de Pekín y el Instituto Lincoln (PLC) colabora con el programa de The Nature Conservancy China (TNC China): ofrece asistencia técnica para un proyecto piloto de ciudad esponja en Shenzhen y para explorar mecanismos de financiación para conservaciones innovadoras en el país.

Ambos organismos se complementan en lo que respecta a la experiencia: TNC China realizó muchos trabajos preliminares para llevar las ciencias y las tecnologías a la práctica. Con el aporte de una base internacional de conocimientos por parte del Instituto Lincoln, el PLC se puede concentrar en la estrategia de conservación de China, las políticas y las finanzas. “El Instituto Lincoln realizó muchas investigaciones sobre la conservación del suelo en Estados Unidos y otros lugares del mundo, y los conocimientos internacionales obtenidos de estos trabajos ayuda a China a afrontar sus enormes desafíos en materia de conservación”, dice Zhi Liu, director del PLC y del programa de Lincoln en China.

“Durante algunos años, buscamos una forma de involucrarnos con la conservación del suelo de China. El trabajo en conjunto con TNC China comienza con el desarrollo de las ciudades esponja o, en un sentido más amplio, con la conservación en las ciudades; para nosotros, es un punto de acceso perfecto. Como una de las contrapartes en el proyecto piloto de Shenzhen, nos concentramos en los marcos estratégicos e institucionales, y en las finanzas a largo plazo. Esperamos que el trabajo de Shenzhen ayude también a establecer una base de investigación para formular políticas a nivel nacional”, explica Liu.

Ciudades esponja

El crecimiento urbano sin precedentes que presenta China cobró un precio alto en los paisajes. En 1960, el país no poseía áreas metropolitanas con más de diez millones de personas. Hoy tiene 15. En 50 años la población urbana se sextuplicó: en 1966 eran 131 millones de residentes, o el 17,9 por ciento de la población total, y en 2016 eran 781 millones, o el 56,7 por ciento (Banco Mundial, 2017). Para 2030, se espera que mil millones de personas o el 70 por ciento de la población total del país vivan en ciudades (Myers, 2016). Como resultado, proliferaron los caminos construidos y los sitios de construcción; a su vez, estos generaron una gran expansión de superficies impermeables que impiden que el agua de las tormentas llegue a la tierra para rellenar las fuentes de agua subterráneas y mitigar la amenaza de inundaciones importantes. En los últimos años hubo tormentas cada vez más fuertes y otros tipos de agua superficial que corría sobre las calles de las ciudades de China; estas presentaron un peligro de muerte para los residentes urbanos, como la inundación de 2012 en Beijing que mató a 79 personas y causó daños por RMB 11.640 millones (US$ 1.760 millones), según la agencia de noticias Xinhua.

Este evento de tormenta y otras inundaciones recientes incitaron al gobierno chino a anunciar un programa nacional que desarrollará una serie de “ciudades esponja”. Shenzhen, en el delta del río Perla, y otras 29 ciudades, desde Wuhan, en el centro, hasta Baotou, en Mongolia Interior (Leach, 2016), recibieron instrucciones e incentivos para desarrollar infraestructura ecológica, como jardines de biofiltración, tecnologías de pavimentación permeable y jardines de lluvia, para que el suelo pueda absorber el agua de las tormentas. El gobierno evaluará los resultados de los proyectos piloto con la intención de replicar a nivel nacional las prácticas que resultaron efectivas.

Según la definición del gobierno, una ciudad alcanzará su estado de “esponja” cuando el suelo llegue a absorber un 70 por ciento de la lluvia, lo que reducirá las inundaciones y la carga de los sistemas de drenaje de construcción tradicional. El objetivo es que el 20 por ciento de las zonas urbanas construidas en las ciudades piloto lleguen a la categoría de esponja en cinco años.

TNC China es la contraparte esencial y asesor técnico en el proyecto de ciudad esponja de Shenzhen. TNC invitó al PLC y otras instituciones a unirse al trabajo y ofreció conocimientos en políticas, estrategias y finanzas. El proyecto piloto de demostración de Shenzhen incluye cuatro componentes: subproyectos piloto de demostración para plantas industriales, edificios de oficinas, escuelas, barrios urbanos, etc.; divulgación y mejoras de los experimentos anteriores; una campaña de capacitación y promoción, y estudios sobre mecanismos de estrategia, políticas, y financiación.

Liu indica: “Nuestro trabajo sobre la estrategia, políticas y finanzas de la ciudad esponja se está desarrollando. Hemos estudiado en profundidad experiencias internacionales relevantes en Estados Unidos, Alemania, Países Bajos, Singapur y otros países. Los subproyectos de la demostración piloto de Shenzhen nos dan una idea muy clara sobre cuáles son las tecnologías más viables, además de los beneficios y los costos”.

El desafío más importante es cómo crear mecanismos financieros a largo plazo para desarrollar la ciudad esponja. Dicha infraestructura es costosa, se estima en más de RMB 100 millones (US$ 15,08 millones) por kilómetro cuadrado de área urbana construida. Por naturaleza, es un bien común. El problema es quién lo pagará. Hoy, el proyecto de ciudad esponja de Shenzhen se financia con subsidios del gobierno central, el presupuesto municipal y las empresas que se ofrecen como voluntarias para construir la infraestructura necesaria, como jardines y techos de lluvia en sus propios edificios. Pero los recursos financieros disponibles están muy lejos de ser suficientes para alcanzar el objetivo.

Liu explica: “Estamos investigando las experiencias de otros países en lo que respecta a financiar la gestión de tormentas. Por ejemplo, la ciudad de Filadelfia impone tarifas de agua de tormenta según la superficie impermeable de una parcela. Además, la ciudad ofrece varios programas que ayudan a los clientes no residenciales a reducir las tarifas de agua de tormenta mediante proyectos ecológicos que reducen la cantidad de superficie impermeable en su propiedad. En el contexto de China, creemos que las soluciones financieras a largo plazo requerirán estudios prudentes sobre reformas de políticas fiscales a nivel local”.

Santuarios naturales y reservas de fideicomiso territorial

TNC China también realiza actividades de conservación de recursos más allá de las ciudades. En los últimos años adaptó el modelo de fideicomiso territorial de Estados Unidos a las condiciones locales para proteger los territorios, el hábitat con biodiversidad y servicios de ecosistemas, desde purificación de aire y agua hasta mitigación de inundaciones y sequías. “Hemos estado probando este modelo localizado de fideicomiso territorial como una forma de expandir la capacidad de la sociedad de proteger y gestionar de forma sustentable las tierras y las aguas más importantes del país, y al mismo tiempo ofrecer soluciones de subsistencia ecológica en las comunidades locales y crear un mecanismo para financiar la gestión de reservas a largo plazo mediante aportes privados. Creemos que este modelo nuevo podría convertirse en un suplemento importante para el sistema actual de áreas protegidas”, dice el Dr. Jin Tong, director de ciencias en TNC China. El PLC construye sobre la base de esta experiencia exitosa y aprovecha el acceso a los conocimientos internacionales mediante la Red Internacional de Conservación del Suelo (ILCN, por su sigla en inglés), un proyecto del Instituto Lincoln, con el objetivo de explorar más sobre la financiación de la conservación del suelo en China.

Los fideicomisos territoriales son una innovación de Estados Unidos. Dado que son organizaciones benéficas, utilizan el poder del sector privado y el de organizaciones sin fines de lucro para conservar las tierras mediante la adquisición completa y la posesión del título o el derecho de propiedad; la adquisición de usufructos conservacionales, conocida como restricciones o servidumbres de conservación; o como representantes o gestores de tierras protegidas que pertenecen a terceros. De hecho, para fines de 2015 en Estados Unidos había unas 23 millones de hectáreas protegidas por fideicomisos territoriales locales, regionales y nacionales, según el Censo de fideicomisos territoriales de 2015, compilado por Land Trust Alliance junto con el Instituto Lincoln de Políticas de Suelo. Se cree que Estados Unidos es el líder global en conservación territorial privada y pública; sin embargo, no hay cifras totales que comparen países de todo el mundo en lo que respecta a la conservación territorial privada y cívica. Las tierras conservadas por ONG y otros actores cívicos y privados se suman a las 3.200 millones de hectáreas protegidas principalmente por gobiernos de todo el mundo (UNDP-WCMC, 2014).

El primer fideicomiso territorial regional del mundo fue establecido en Massachusetts en 1891. Hoy, ese grupo se conoce como The Trustees of Reservations y sigue protegiendo propiedades de belleza excepcional e importancia natural e histórica de Massachusetts mediante derechos de propiedad y usufructos conservacionales. Desde ese comienzo pequeño, hoy hay más de 1.000 organizaciones de fideicomiso territorial esparcidas por todo Estados Unidos. Existen en todos los estados de la unión y siguen mejorando el ritmo, la calidad y la permanencia de los territorios protegidos en todo el país, lo que genera varios beneficios públicos. Este trabajo se beneficia mucho de los créditos impositivos federales estadounidenses para usufructos conservacionales en fideicomisos territoriales.

La práctica de conservación territorial por parte de individuos privados y organizaciones cívicas también se esparció en todo el mundo. Según indica una encuesta realizada por el ILCN, existen grupos privados y cívicos de conservación territorial en más de 130 países y territorios de América del Norte y del Sur, Europa, África, Asia y Oceanía (ILCN, 2017). Si bien el contexto legal y los incentivos económicos para la conservación territorial en los sectores privado y cívico difieren entre los distintos países, la motivación para proteger y administrar la tierra con cuidado para el bien de las generaciones presentes y futuras es una constante en todo el mundo.

Hoy, en su nueva forma, los fideicomisos territoriales pueden tener el potencial de ayudar a moldear de otra manera el modo en que China encara la creación y la gestión de las áreas protegidas. Más del 15 por ciento del territorio chino fue designado área protegida, y hay más de 2.700 reservas naturales con el nivel más alto de protección legal. Sin embargo, todavía hay desafíos importantes que arredran a la red china de territorios protegidos. Muchas áreas protegidas carecen de los recursos financieros, los mecanismos de aplicación y gobernación y el personal gerencial necesarios. Para poder fortalecer y expandir la red de áreas protegidas existente, TNC China y sus contrapartes trabajan para desarrollar analogías a los fideicomisos territoriales que funcionen en el contexto de China.

En 2008, entró en vigor una política china que permite que los individuos y organizaciones privadas asuman derechos de administración sobre territorios forestados de propiedad colectiva; gracias a ella, se abrió la puerta para comenzar las conversaciones sobre fideicomisos territoriales. En 2011, TNC China empezó a trabajar en conjunto con el gobierno local del condado de Pingwu, en la provincia de Sichuan, para estudiar la fundación de la primera reserva de fideicomiso territorial del condado. De acuerdo con la naturaleza local de este movimiento, en ese momento TNC China catalizó el nacimiento de una nueva entidad local, la Fundación de Conservación de la Naturaleza Sichuan (SNCF), que luego cambió el nombre a Fundación Paradise. En 2013, la SNCF firmó el primer contrato de conservación del país, que le permite administrar la parcela durante los próximos 50 años.

Enseguida, el gobierno local, TNC China y la fundación declararon al territorio como reserva natural a nivel del condado, lo llamaron Reserva Laohegou de fideicomiso territorial y así lograron conservar unas 11.000 hectáreas de hábitat importante para los pandas gigantes. La ubicación estratégica de la reserva conecta áreas protegidas existentes para especies en peligro de extinción, como el panda gigante y el mono de hocico chato de Sichuan; así, se estableció un gran corredor de conservación. El corredor interconectado crea de forma efectiva un amplio territorio dentro del cual se pueden aplicar rigurosas normativas contra la caza furtiva. De modo similar, los arroyos locales que corren en libertad dentro del corredor se pueden proteger para que no se desvíen y se utilicen para energía hidráulica.

Además, la reserva es importante desde el punto de vista de las investigaciones. Los científicos realizaron un inventario de referencia de la vida silvestre y colocaron decenas de cámaras-trampa para aprender más sobre la gran cantidad de especies importantes del lugar. Estas cámaras ya filmaron un hecho poco frecuente: un panda gigante comiendo los restos de un takín (un antílope-cabra de las montañas y las mesetas asiáticas), lo que refuerza el descubrimiento relativamente nuevo de que los pandas son omnívoros y de vez en cuando comen carne.

Para las tareas cotidianas de administración de la reserva, la fundación financió la creación de una entidad local, el Centro de conservación de la naturaleza Laohegou, que a su vez contrató residentes cercanos para que administren y ejecuten los planes de trabajo de administración, aplicación y monitoreo ecológico.

Hay otras entidades que apoyan y administran la reserva y están poniendo en práctica mecanismos piloto que aumentarán los ingresos de las comunidades cercanas a las reservas y financiarán su administración. Por ejemplo, fuera de la reserva Laohegou, la Fundación Paradise estableció un sistema mediante el cual venden los productos agrícolas ecológicos e hidromiel de la comunidad a mercados de lujo. Los ingresos de estas ventas aumentan la renta de la comunidad y reducen la presión de los residentes locales que quieren cazar y buscar comida dentro de la reserva. Además, la Fundación Paradise y otras exploran el potencial del ecoturismo limitado dentro de las reservas y una colecta de fondos en línea para proyectos individuales. Por último, los gerentes del proyecto también ven con optimismo que el sector de caridad, que está creciendo en China, se interesará en estas actividades y las apoyará. Queda por determinar si estas técnicas generarán ganancias repartidas entre las comunidades cercanas a la reserva u ofrecerán la financiación constante y a largo plazo que se necesita para las actividades de administración.

El objetivo de la conservación es crear diez reservas de fideicomiso territorial en China para 2020 junto con contrapartes; cada una de las reservas debería adoptar un modelo un poco diferente para demostrar la flexibilidad del enfoque; por ejemplo, alquilar un terreno y convertirlo en una reserva, como en la provincia de Sichuan, o encargarse de las responsabilidades de administración de una reserva existente. Más allá de Laohegou, TNC y sus contrapartes también exploran otros modelos para demostrar la flexibilidad del enfoque, como sociedades civiles que se encargan de las responsabilidades de administración de una reserva existente. Hasta el día de hoy se crearon cuatro reservas de fideicomiso territorial en todo el país, entre ellas Laohegou, en conjunto con varias entidades locales. El interés sigue creciendo.

La Fundación Paradise y TNC China tomaron prestada la idea de Land Trust Alliance, de Estados Unidos, se unieron a otras 11 ONG medioambientales nacionales e internacionales, y en 2017 lanzaron la Alianza cívica de conservación territorial de China, que pretende catalizar el “movimiento de fideicomisos territoriales en China” mediante una plataforma de comunicación, financiación, estándares, políticas y construcción de capacidades. La visión a largo plazo de la Alianza es proteger de forma colaborativa el uno por ciento del suelo de China mediante individuos y organismos cívicos y privados. 

“Pronto, TNC cumplirá veinte años en China”, indica Jin Tong. “Hemos completado muchos trabajos de campo que utilizan nuestro enfoque científico y la experiencia internacional para encontrar soluciones viables a los desafíos medioambientales más urgentes del país, como el proyecto piloto de ciudades esponja y las reservas de fideicomiso territorial. Junto con el PLC, podemos amplificar el éxito de los proyectos de demostración para producir impactos a mayor escala y crear condiciones propensas para lanzar cambios sistemáticos en las estrategias de conservación, las políticas y las finanzas mediante la investigación”.  

 


 

James N. Levitt es gerente de los programas de conservación territorial en el Instituto Lincoln de Políticas de Suelo y director del Programa sobre innovaciones de conservación en el bosque de Harvard, de la Universidad de Harvard. Emily Myron es gerente de proyecto en la Red Internacional de Conservación del Suelo del Instituto Lincoln.

Fotografía: Oktay Ortakcioglu

 


 

Referencias 

Bradsher, Keith. 2017. “China’s Electric Car Push Lures Global Auto Giants, Despite Risks.” New York Times, 10 de septiembre. www.nytimes.com/2017/09/10/business/china-electric-cars.html.

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Fialka, John. 2016. “China Will Start the World’s Largest Carbon Trading Market.” Scientific American, 16 de mayo. www.scientificamerican.com/article/china-will-start-the-world-s-largest-carbon-trading-market/.

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Leach, Anna. 2016. “Soak It Up: China’s Ambitious Plan to Solve Urban Flooding with ‘Sponge Cities.’” Guardian, 3 de octubre. www.theguardian.com/public-leaders-network/2016/oct/03/china-government-solve-urban-planning-flooding-sponge-cities.

Myers, Joe. 2016. “You Knew China’s Cities Were Growing, but the Real Numbers Are Stunning.” Ginebra, Suiza: Foro Económico Mundial, 20 de junio. www.weforum.org/agenda/2016/06/china-cities-growing-numbers-are-stunning.

UNDP-WCMC (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente del Centro de Monitoreo de la Conser-vación del Ambiente). 2014.“Mapping the World’s Special Places.” www.unep-wcmc.org/featured-projects/mapping-the-worlds-special-places.

Xiang, Bo, ed. 2017. “Chinese Vice Premier Stresses Green Development.” XinhuaNet, 8 de septiembre. http://news.xinhuanet.com/english/2017-09/08/c_136595063.htm.

Xinhua. 2013. “Rainstorms Affect 508,000 in SW China.” China Daily, 10 de julio. http://africa.chinadaily.com.cn/china/2013-07/10/content_16758256.htm.

Banco Mundial. 2017. “World Bank Open Data” (“Datos de libre acceso del Banco Mundial”). Acceso en septiembre de 2017. Washington, DC: Banco Mundial. https://data.worldbank.org/indicator/SP.POP.TOTL?locations=CN.

Zhu, Lingqing. 2017. “China to Launch Carbon Emissions Market this Year.” China Daily, 16 de agosto. www.chinadaily.com.cn/business/2017-08/16/content_30686774.htm.

A panda cub sits among the branches of a eucalyptus tree

Sponge Cities and Panda Habitat

The Nature Conservancy's Foray into China
By James N. Levitt and Emily Myron, Octubre 10, 2017

Paradoxically, China is emerging as an innovative global leader in green initiatives, just as it has overtaken the United States as the world’s biggest source of carbon dioxide emissions (Global Carbon Atlas 2016). “After decades of rapid expansion brought smog and contaminated soil,” noted the official Xinhua News Agency, “China is steadily shifting from GDP obsession to a balanced growth philosophy that puts more emphasis on the environment” (Xiang 2017).

China generated more solar power in 2016 than any other nation. In January 2017, the government announced plans to invest RMB 2.39 trillion (US$361 billion) in renewable energy generation by 2020, according to China’s National Energy Administration. This September, the government also promised to ban the sale of gasoline- and diesel-powered cars at an unspecified date (Bradsher 2017). And to help meet its commitments to the Paris Climate Accords, China will launch the world’s largest carbon “cap and trade” market in November 2017, targeting coal-fired power generation and five other large carbon-emitting industrial sectors (Fialka 2016, Zhu 2017).

Land-based green initiatives include “sponge cities,” designed to manage storm water runoff and prevent urban flooding, and conservation efforts to protect water quality and preserve wildlife habitat. The Peking University–Lincoln Institute Center for Urban Development and Land Policy (PLC) is collaborating with The Nature Conservancy’s China program (TNC China), providing technical support for a sponge city pilot in Shenzhen and exploring innovative conservation finance mechanisms for China.

The two organizations are complementary in terms of expertise: TNC China has done a lot of ground work to turn sciences and technologies into practice. With the Lincoln Institute providing an international knowledge base, the PLC can focus on China’s conservation strategy, policy, and finance. “The Lincoln Institute has done a lot of research on land conservation in the United States and elsewhere around the world, and the international knowledge developed from this work helps China to address its enormous conservation challenges,” says Zhi Liu, director of the PLC and Lincoln’s China program.

“For a few years, we have been looking for a way to engage ourselves in China’s land conservation. The partnership with TNC China—starting with sponge city development or, more broadly, conservation for cities—provides us a perfect entry point. As one of the partnering institutes in the sponge city pilot project in Shenzhen, we are focusing on strategic and institutional frameworks and long-term finance. We hope that the work in Shenzhen will also help lay a research foundation for national policy making,” says Liu.

Sponge Cities

China’s unprecedented urban growth has taken a hard toll on the landscape. In 1960, it had no metropolitan areas with populations over 10 million. Now it has 15. In 50 years, the urban population multiplied by a factor of six: from 131 million residents or 17.9 percent of total population in 1966, to 781 million or 56.7 percent by 2016 (World Bank 2017). And by 2030, one billion people, or 70 percent of China’s total population, are expected to live in cities (Myers 2016). Resulting proliferation of hardscaped roads and building sites have created a vast expansion of impervious surfaces that prevent storm water from seeping into the earth to replenish ground water sources and mitigate the threat of major flooding. In recent years, increasingly severe storms and other surface water running at street level in Chinese cities have presented life-threatening peril to urban residents, such as the 2012 flood in Beijing that killed 79 and caused RMB 11.64 billion (US$1.76 billion) in damages, according to Xinhua News Agency.

This storm event and other recent floods spurred the Chinese government to announce a national program to develop a series of “sponge cities.” Shenzhen in the Pearl River Delta and 29 other cities, from Wuhan in Central China to Baotou in Inner Mongolia (Leach 2016), received instructions and incentives to develop green infrastructure—including bioswales, pervious paving technologies, and rain gardens to absorb storm water into the ground. The government will test the results of the pilot projects with the intention of replicating proven-effective practices on a nationwide basis.

By the government’s definition, a city will reach the “sponge” standard when 70 percent of rainfall is absorbed into the ground, relieving strain on traditionally constructed drainage systems and minimizing floods. The goal is that 20 percent of urban built-up areas in pilot cities will reach sponge standard over the course of five years.

TNC China is the key partner and technical adviser to Shenzhen’s sponge city project. TNC invited the PLC and several other institutions to join the effort, providing insight on policy, strategy, and finance. The pilot demonstration project in Shenzhen includes four components: pilot demonstration sub-projects for industrial plants, office buildings, schools, urban neighborhoods, etc.; dissemination and upgrading of past experiments; an education and promotion campaign; and studies of strategy, policy, and financing mechanisms.

“Our work on the sponge city strategy, policy, and finance is currently underway,” says Liu. “We have looked extensively into relevant international experiences from the United States, Germany, the Netherlands, Singapore, and other countries. The sub-projects of the Shenzhen pilot demonstration give us a great sense of which technologies are most feasible, as well as their benefits and costs,” he adds.

The major challenge is how to develop long-term financial mechanisms for sponge city development. Sponge infrastructure is costly, estimated at over RMB 100 million (US$15.08 million) per square kilometer of built-up urban area. It is a public good in nature. The question is who will pay for it. Today, Shenzhen’s sponge city project is supported by central government subsidies, the municipal budget, and businesses volunteering to build sponge infrastructure facilities, such as rain gardens and rain roofs on their own properties. But the available financial resources are far from adequate to meet the target.

“We are investigating other countries’ experiences with financing rainstorm management,” says Liu. “For example, the city of Philadelphia imposes storm water fees based on the amount of impervious surface that a parcel contains. The city also offers several programs to assist nonresidential customers to lower their storm water fees through green projects that reduce the amount of impervious surface on their properties. In the context of China, we believe that the long-term financial solutions will require some careful consideration of fiscal policy reform at the local level,” he says.

Nature Sanctuaries and Land Trust Reserves

TNC China is also active in the conservation of resources beyond China’s cities. In the past several years, TNC China has adapted the American land trust model to local conditions to protect land, biodiversity habitat, and ecosystem services, from air and water purification to flood and drought mitigation. “We’ve been testing this localized land trust model as a way to expand society’s ability to protect and sustainably manage China’s most important lands and waters, while providing green livelihood solutions for local communities and creating a mechanism to finance long-term reserve management through private contributions. We believe that this new model could become an important supplement to China’s current protected area system,” says Science Director of TNC China, Dr. Jin Tong. Building on this successful experience and taking advantage of access to international knowledge through the International Land Conservation Network (ILCN), a project of the Lincoln Institute, the PLC is exploring land conservation finance for China more broadly.

Land trusts are an American innovation. As chaitable organizations, land trusts leverage the power of the private and nonprofit sectors to conserve land by acquiring it outright, and owning title or fee ownership to it; by acquiring conservation easements, also known as conservation restrictions or conservation servitudes; or by serving as the stewards or managers of protected lands owned by others. Indeed, about 56 million U.S. acres (about 23 million hectares) have been protected in the United States by local, regional, and national land trusts as of year-end 2015, according to the 2015 Land Trust Census compiled by the Land Trust Alliance in cooperation with the Lincoln Institute of Land Policy. The United States is believed to be the global leader in private and civic land conservation, though no comprehensive figures compare nations around the world in terms of private and civic land conservation. Land conserved by NGOs and other private and civic actors complement the 7.9 billion acres (3.2 billion hectares) protected, principally, by governments around the world (UNDP-WCMC 2014).

The world’s first regional land trust was established in Massachusetts in 1891. Known today as The Trustees of Reservations, that group continues to protect exceptionally beautiful, naturally important, and historically significant properties in Massachusetts through fee ownership and conservation easements. From that small beginning, more than 1,000 land trust organizations are now spread across the United States. They exist in every state of the union and continue to improve the pace, quality, and permanence of protected lands across the nation, providing multiple public benefits. This work greatly benefits from U.S. federal tax credits for conservation easements to land trusts.

The practice of land conservation by private individuals and civic organizations has also spread across the world. Private and civic land conservation groups exist in more than 130 countries and territories in North and South America, Europe, Africa, Asia, and Oceania, according to a recent survey conducted by the ILCN (ILCN 2017). While the legal context and financial incentives for land conservation in the private and civic sectors differ from country to country, the motivation to protect and carefully steward land for the good of present and future generations is a constant across the globe.

Now land trusts, in a new form, may have the potential to help reshape the way that China approaches the creation and management of protected areas. Currently, more than 15 percent of China’s land is designated as a protected area, and more than 2,700 nature reserves have the highest level of legal protection in that nation. However, significant challenges continue to daunt the Chinese network of protected lands. Many protected areas lack adequate financial resources, enforcement and governance mechanisms, and management staff. In order to strengthen and expand the existing network of protected areas, TNC China and its partners are working to develop land trust analogues that work in the Chinese context.

A 2008 Chinese policy that allows private individuals and organizations to assume management rights on collectively owned forest land opened the door for a conversation about land trusts. In 2011, TNC China initiated a collaboration with the local government of Sichuan Province’s Pingwu County to explore the establishment of the country’s first land trust reserve. In keeping with the local nature of the land trust movement, TNC China then catalyzed the birth of a new local entity—the Sichuan Nature Conservation Foundation (SNCF)—which was later renamed the Paradise Foundation. In 2013, the SNCF signed the nation’s first conservation lease, allowing it to manage the parcel for the next 50 years.

The local government, TNC China, and the foundation promptly designated the leased land a county-level nature reserve, named Laohegou Land Trust Reserve, thereby conserving over 27,000 acres (about 11,000 hectares) of important giant panda habitat. This reserve’s strategic location connects existing protected areas for endangered species, such as the giant panda and the Sichuan snub-nosed monkey, thereby establishing a large conservation corridor. The interconnected corridor effectively creates a large territory within which anti-poaching regulations can be rigorously enforced. Similarly, within the corridor, local streams that run free can be protected from diversion into hydropower.

The reserve is also important from a research perspective. Scientists have carried out a baseline inventory of wildlife and set up dozens of camera traps to learn more about the numerous important species present. Already, the cameras have captured rare footage of a giant panda eating the remains of a takin (a goat-antelope found in Asian mountain ranges and highlands), reinforcing the relatively new discovery that pandas are omnivores, occasionally consuming meat.

For day-to-day management of the reserve, the foundation sponsored the creation of a local entity, the Laohegou Nature Conservation Center, which has in turn hired nearby residents to administer and execute management, enforcement, and ecological monitoring workplans.

Several entities supporting and managing the reserve are also piloting mechanisms to increase income in communities bordering the reserves and to fund the reserve’s ongoing management. For example, outside Laohegou Reserve, the Paradise Foundation has set up a system in which they sell the community’s eco-friendly agricultural products and honey wine to high-end markets. Revenues from these sales augment community income and reduce the pressure from local residents who want to hunt and forage within the reserve. The Paradise Foundation and others are also exploring the potential for limited ecotourism into the reserves, as well as online fundraising for individual projects. Finally, project managers are also optimistic that China’s growing philanthropic sector will take interest and support these efforts. It remains to be seen whether these techniques will yield profits that are widely dispersed through the communities near the reserve or provide consistent, long-term funding needed for management activities.

The conservancy’s goal is to create 10 land trust reserves in China by 2020 with partners, each employing a slightly different model to demonstrate the flexibility of this approach, such as leasing land and turning it into a reserve, like in Sichuan Province, or assuming management responsibilities of an existing reserve.

Beyond Laohegou, the Conservancy and its partners are also exploring other models to demonstrate the flexibility of this approach, such as civil societies assuming complete or partial management responsibilities of an existing reserve. To date, four land trust reserves, including Laohegou, have been created around the country in partnership with various local entities, and interest continues to grow.

Borrowing the idea of the Land Trust Alliance in the United States, the Paradise Foundation and TNC China aligned 11 other international and domestic environmental NGOs to launch the China Civic Land Conservation Alliance in 2017, aiming to catalyze the “China land trust movement” by providing a platform for communications, funding, standards, policies, and capacity building. The long-term vision of the Alliance is to collaboratively protect 1 percent of China’s terrestrial land by civic and private organizations and individuals.

“The Conservancy will soon enter its twentieth year in China,” says Jin Tong. “We’ve completed a lot of work on the ground that draws on our science-based approach and international expertise to find viable solutions to China’s most pressing environmental challenges, such as the sponge city pilot project and the land trust reserves. In collaboration with PLC, we could amplify the success of demonstration projects to make larger-scale impacts and create enabling conditions to trigger systematic changes through research on China’s conservation strategies, policy, and finance,” she says.

 


 

James N. Levitt is the manager of land conservation programs at the Lincoln Institute of Land Policy and director of the Program on Conservation Innovation at the Harvard Forest of Harvard University. Emily Myron is project manager of the International Land Conservation Network at the Lincoln Institute.

Photograph: Oktay Ortakcioglu

 


 

References

Bradsher, Keith. 2017. “China’s Electric Car Push Lures Global Auto Giants, Despite Risks.” New York Times, September 10. www.nytimes.com/2017/09/10/business/china-electric-cars.html.

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Fialka, John. 2016. “China Will Start the World’s Largest Carbon Trading Market.” Scientific American, May 16. www.scientificamerican.com/article/china-will-start-the-world-s-largest-carbon-trading-market/.

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ILCN 2018 Global Congress, Santiago, Chile

Enero 24, 2018 - Enero 26, 2018

Santiago, Chile

Free, offered in inglés

The 2018 Global Congress will build upon the momentum, conversations, collaborations, and relationships that have emerged over the past several years, including at the First Congress of the ILCN, held in Berlin, Germany in October 2015 and at the Workshop on Emerging Innovations in Conservation Finance, held in Santiago in September 2016.

The Congress will explore a range of topics, focused on how attendees may take specific actions in their home countries to advance private land conservation, as well as the challenges and opportunities ahead for private land conservation. In addition, the Congress will include a field trip that features several important Chilean conservation stories, allowing hosts to share their successes and participants to build relationships in an informal atmosphere.

The ILCN is actively soliciting workshop presentations and panels. Please see the call for presentations below. Submissions must be received by July 21, 2017.


Detalles

Fecha(s)
Enero 24, 2018 - Enero 26, 2018
Registration Period
Enero 26, 2018 - Enero 26, 2018
Location
Hotel Noi Vitacura
Santiago, Chile
Idioma
inglés
Registration Fee
Free
Costo
Free

Palabras clave

adaptación, mitigación climática, conservación, servidumbres de conservación, servidumbre, medio ambiente, gestión ambiental, planificación ambiental, fideicomiso de suelo, agua

Ballot Box Conservation: How citizens are mobilizing to protect natural resources

Mayo 10, 2017 | 12:00 p.m. - 1:30 p.m.

Cambridge, MA United States

Free, offered in inglés

Ver la grabación


In an era of tightly constrained U.S. federal budgets, state and local funding for land conservation is of critical significance. David Hartwell spearheaded one of the largest land conservation ballot initiatives in U.S. history, which amended the Minnesota state constitution in 2006 to provide $6 billion for land and natural resources conservation over 25 years through a sales tax increase. He will tell the story of the campaign to pass the ballot initiative, highlighting the practical and policy challenges facing private, non-profit and public sector leaders who would undertake similar initiatives, and describe the initiative’s impact over the past decade.

Hartwell will be joined by James Levitt, manager of land conservation programs at the Lincoln Institute and director of the Program on Conservation Innovation at the Harvard Forest, Harvard University. Levitt will describe the role of ballot initiatives in conservation finance in the United States, drawing on data from LandVote, the premier resource for information on conservation ballot initiatives in the United States, a joint effort of the Trust for Public Land and the Land Trust Alliance.

A written account of the initiative will also be distributed as a Lincoln Institute Working Paper.

Speakers:

David Hartwell is the 2016-2017 Kingsbury Browne Fellow at the Lincoln Institute of Land Policy, and the winner of the Kingsbury Browne Conservation Leadership Award from the Land Trust Alliance. He was a leader in a seven-year campaign to pass the Clean Water, Land and Legacy Amendment, a 2008 initiative that will fund conservation projects through 2034 through an enhanced sales tax of three-eighths of one percent. The amendment will generate an estimated $7.5 billion for conservation, arts and cultural preservation and parks and trails. From 2010 to 2013 alone, it funded some 65 projects related to land acquisition, restoration and conservation in Minnesota. Hartwell is the founder and former president of Bellcomb, Inc. He serves as president of the board for the Belwin Conservancy, a 1,350-acre sanctuary in Afton, Minn., and on the boards of National Audubon Society, Children & Nature Network, Island Conservation, Conservation Minnesota, Wildlife Land Trust and the Lessard Sams Outdoor Heritage Council as well as a number of private company boards. He is a former member of the Land Trust Alliance board.

Jim Levitt is the manager of land conservation programs in the Department of Planning and Urban Form at the Lincoln Institute, and director of the program on conservation innovation at the Harvard Forest, Harvard University, in Petersham, Massachusetts. In addition, he holds ongoing fellowships at the Harvard Kennedy School and at Highstead, a non-profit organization advancing land conservation in New England. Levitt focuses on landmark innovations in the field of land and biodiversity conservation (both present-day and historic) that are characterized by five traits: novelty and creativity in conception; strategic significance; measurable effectiveness; international transferability; and the ability to endure. Levitt has written and edited dozens of articles and four books on land and biodiversity conservation. He has lectured widely on the topic in venues ranging from Santiago, Chile, to Beijing, China, and Stockholm, Sweden. Among his current efforts, Levitt plays an instrumental role in the effort to organize the International Land Conservation Network (ILCN), whose mission is to connect organizations around the world that are accelerating voluntary private and civic sector action to protect and steward land and water resources. Levitt is a graduate of Yale College and the Yale School of Management (Yale SOM). He was recently named a Donaldson Fellow by Yale SOM for career achievements that “exemplify the mission of the School.”


Detalles

Fecha(s)
Mayo 10, 2017
Time
12:00 p.m. - 1:30 p.m.
Registration Period
Abril 24, 2017 - Mayo 10, 2017
Location
Lincoln Institute of Land Policy
113 Brattle St.
Cambridge, MA United States
Idioma
inglés
Registration Fee
Free
Costo
Free

Palabras clave

conservación

La estrella del sur

Chile y el futuro del financiamiento de la conservación
Por Tony Hiss, Marzo 16, 2017

Del 27 al 29 de septiembre de 2016, la Red Internacional de Conservación de Suelo (ILCN, por su sigla en inglés), un proyecto del Instituto Lincoln de Políticas de Suelo, patrocinó el “Taller sobre innovaciones emergentes en el financiamiento de conservación”, en Las Majadas de Pirque, cerca de Santiago de Chile. El taller atrajo a 63 participantes de ocho países para intercambiar opiniones sobre las herramientas y conceptos que pueden fortalecer las finanzas de conservación en el Hemisferio Occidental y más allá.

Las políticas, prácticas y casos de estudio discutidos en el taller abarcaron un amplio espectro de mecanismos de financiamiento innovadores para resolver los desafíos del desarrollo inmobiliario y el cambio climático. Entre otros, se trataron los siguientes temas: recuperación de plusvalías en América Latina; reestructuración de los mercados de seguros para aumentar la resiliencia de las ciudades y el financiamiento sostenible en casos de tormentas; incentivos financieros de conservación en la legislación chilena y estadounidense; mitigación compensatoria; redes de conservación orientadas a las finanzas; el papel de la sociedad civil y las finanzas de conservación en realizar el Acuerdo de París de 2015; el papel que los mercados de capital podrían jugar para combatir el cambio climático; y en particular el liderazgo global emergente de Chile en el área de conservación de suelo.

Los organizadores del taller agradecen sumamente las contribuciones productivas de todos los participantes, así como la colaboración de los socios de la conferencia: el Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Harvard; Fundación Robles de Cantillana; el Bosque de Harvard, Universidad de Harvard; Las Majadas de Pirque; Qué pasawww.landconservationnetwork.org.

A continuación se relata la experiencia del renombrado autor Tony Hiss en el taller y sus observaciones sobre los espectaculares recursos naturales e inspiradores esfuerzos de conservación de Chile.

Emily Myron, Directora del proyecto, ILCN

 

Para los conservacionistas de América del Norte, incluso una visita relámpago a Chile puede sentirse como un estímulo del futuro, un encuentro con un potente rayo de luz que brilla hacia el norte. Esto ocurre gracias a la naturaleza del lugar, un escaparate de paisajes espectaculares organizados cuidadosamente en un montón alto y apretado a lo largo del país, una angosta franja de tierra entre el océano Pacífico y la cordillera de los Andes. También tiene que ver con los habitantes de este país y con lo que tanto grupos como particulares han estado haciendo en los últimos cinco siglos y medio para proteger estos paisajes indispensables.

En una reunión a la que tuve oportunidad de asistir en la segunda mitad del año pasado en Las Majadas de Pirque (una especie de palacio de mazapán convertido en centro de convenciones en las afueras de Santiago), quedó en claro que una asociación entre América del Norte y América del Sur, que vio sus inicios a lo largo de varias décadas de colaboración silenciosa entre conservacionistas de los Estados Unidos y de Chile, ya está creando una especie de campo de fuerza hemisférico en cuestiones relacionadas con la conservación. Como resultado, sentimos al otro pilar de esta asociación, Chile (un país cuyo nombre significa, según una derivación, “fin de la tierra”), como un colega cercano, aunque se encuentre a más de diez horas de viaje en avión desde la Ciudad de Nueva York.

Con el fin de seguir afianzando esta afinidad, se realizó este evento, denominado “Taller sobre innovaciones emergentes en el financiamiento de la conservación” y organizado por la Red Internacional de Conservación del Suelo (ILCN, por su sigla en inglés) del Instituto Lincoln, que reunió a decenas de conservacionistas, funcionarios e inversores de ambos países, con una mayor representación del hemisferio occidental, para pensar sobre un desafío cada vez más urgente: dada la rapidez con la que la biosfera se está calentando y cambiando, los gobiernos, por sí solos, no pueden financiar los billones de dólares necesarios para procurar y luego cuidar de aquellos lugares que deben perdurar para siempre con el fin de resguardar la biodiversidad.

A pesar de la gravedad del problema, cuando dos países que apoyan sólidamente la conservación —y más cuando cada uno de ellos tiene mucho que conservar— se unen para buscar nuevas soluciones, es un gran salto hacia adelante. Según Hari Balasubramanian, consultor canadiense cuyo enfoque es el valor de negocios de la conservación, la conferencia de tres días fue “¡Muy oportuna! Los conservacionistas siempre han estado en el negocio de la perpetuidad. Y ahora necesitamos trabajar aún más en lo que respecta al financiamiento y la administración de los suelos protegidos, para que perduren”.

Laura Johnson, directora de la ILCN, coincide: “La idea de que podemos desarrollar nuevas herramientas para financiar grandes visiones para la conservación es relativamente nueva. ¿Podemos encontrar los recursos que necesitamos para enfrentar el abrumador desafío de generar un trabajo de conservación del suelo y del agua que perdure en el tiempo? El objetivo de la conferencia fue ayudar a responder a esa pregunta”.

La naturaleza especial de Chile

Desde luego, no todos los visitantes tienen la oportunidad de quedarse en un entorno tan elegante como Las Majadas, pero es fácil para un norteamericano sentirse como en casa en Chile, y no sólo por la abundancia de librerías que hay en Santiago o los resplandecientes rascacielos del centro financiero de la ciudad, al que se ha apodado “Sanhattan”. La sucesión de paisajes y climas que se da en el campo hace eco extrañamente de los que encontramos en nuestra costa del Pacífico de los EE. UU., al oeste de las Sierras —aunque la relación entre ambos países, en lugar de ser una imagen en espejo uno del otro, se parece más al reflejo invertido que veríamos si estuviéramos de pie a la orilla de un lago: los desiertos al norte; los glaciares y fiordos patagónicos bien al sur; y, en el medio, una región mediterránea soleada, similar a la del centro y sur de California, y una región de bosques templados brumosos, como las de Oregon o Washington). Nuestro otoño es su primavera. En cuanto a su longitud, Chile es tan grande como la distancia que existe entre Nueva York y San Francisco, aunque, respecto de su ancho, sus fronteras este y oeste —el océano Pacífico y la escarpada línea de la cordillera de los Andes— los siempre están más cerca entre sí que la distancia que existe entre Manhattan y Albany, Nueva York.

Aun así, los paisajes de Chile que tienen sus “pares” en los EE. UU. pueden darnos una lección de humildad a los norteamericanos: Chile no sólo tiene desiertos, sino el desierto más seco del mundo, el Atacama, conocido como “Marte en la Tierra”, con cielos nocturnos despejados que lo convertirán en la primera “reserva de luz de estrellas” del hemisferio occidental. En un año, este paraíso del astrónomo profesional albergará el 70 por ciento de los telescopios más grandes del mundo: para complementar al VLT (telescopio muy grande) actualmente en uso, se está construyendo un ELT (telescopio extremadamente grande) del tamaño de un estadio de fútbol, mientras se habla de la posibilidad de construir un OWL (telescopio descomunalmente grande) que, algún día, tal vez “revolucione nuestra percepción del universo, tal como lo hizo el telescopio de Galileo”, según afirman desde el Observatorio del Sur de Europa.

Hacia el sur, en la región de bosques templados de Valdivia, brumosa, fría y con densos sotobosques de helecho y bambú (nuestra “jungla fría, fragante, silenciosa, enredada”, tal como la llamó Pablo Neruda, el poeta chileno ganador del premio Nobel), muchos de los árboles se encuentran entre los más añejos del mundo. Tal como lo expresó un visitante asombrado, Ken Wilcox, autor de Chile’s Native Forests: A Conservation Legacy (“Los bosques nativos de Chile: Un legado de conservación”): “En la actualidad, la oportunidad de caminar durante días entre cosas vivientes tan antiguas como la esfinge sólo resulta posible en Chile”.

El monarca de estos bosques de especies siempreverdes con aires de catedral es el alerce, un primo más  desgreñado y un poco menos alto que la secuoya gigante de América del Norte, aunque mucho más longevo. Aun más impresionante es la araucaria (o “rompecabezas de los monos”), de 80 metros de altura, que, al igual que el alerce, se erige como una torre por sobre el follaje del bosque que la rodea: su tronco larguirucho y totalmente recto se ve coronado por una intrincada maraña formada por una densa superposición de ramas, cubiertas completamente de hojas puntiagudas y espinosas. Para dar una idea de su forma, pensemos en un paraguas con muchísimas varillas que se dio vuelta debido a una tormenta. “Para un mono, sería un verdadero rompecabezas trepar este árbol”, observó Charles Austin, abogado de la época victoriana, aunque sería más acertado llamar a este árbol “rompecabezas de los dinosaurios”, ya que en Chile no hay monos y las hojas espinosas de la araucaria (que han sido así desde eras inmemoriales) evolucionaron con el fin de repeler a los gigantescos reptiles herbívoros que deambulaban por Gondwana, el antiguo supercontinente del hemisferio sur que comenzó a fragmentarse hace unos 180 millones de años.

Finalmente, tenemos a la Patagonia. Este territorio en el extremo sur de Chile, que ocupa un tercio del país y no se encuentra muy poblado, es un lugar de inmensidades insuperables, al que se ha dado en llamar una “geografía extrema”, donde todo tiene dimensiones extraordinarias y es realmente imponente: picos, glaciares, islas, fiordos, bosques. En las fotografías, los paisajes parecen haber sido retocados y dejan incluso a los mejores escritores sin palabras para poder describirlos. El icónico logo de la línea de indumentaria Patagonia —que, alguna vez, pensé que representaba una fantasiosa mezcla paradisíaca de imaginarios picos dentados recortados sobre franjas de nubes curiosamente anaranjadas y púrpuras— es, para ser exactos, un esbozo muy simplificado, sutil y tenue del verdadero paisaje. En realidad, las montañas, las nubes y la luz son bastante reales. Y este gráfico ni siquiera llega a representar los 13.000 kilómetros cuadrados del campo de hielo sur de la Patagonia, que se encuentra justo al lado de la cordillera (un campo de hielo es a un glaciar lo que un párrafo es a una palabra), ni lo que Gregory Crouch, montañista y autor de Enduring Patagonia (“Sobrevivir a la Patagonia”) describe como “el viento, un viento en ráfagas, un viento incesante e interminable”. Es un paisaje aún tan desconocido que, a lo largo de 80 kilómetros hacia el sur, todavía debe establecerse la frontera entre Chile y Argentina. Muchos visitantes que llegan a esta región sienten como si hubieran regresado a una época anterior al comienzo de todas las cosas.

Las amenazas al paisaje

Este país extraordinario fue el telón de fondo ideal para generar energía en nuestro salón de conferencias en Las Majadas. La pasión que estos paisajes extravagantes ha evocado en los chilenos es contagiosa y persistente, y tiene efectos de transformación. James N. Levitt, organizador de la conferencia y administrador de programas de conservación del suelo del Instituto Lincoln, resumió el sentir que todos teníamos cuando expresó que Chile “está destinada a convertirse en uno de los más importantes puntos focales ecológicos del mundo”.

De más está decir que esta es una historia con corrientes que se superponen. Para la minería —la industria más poderosa del país y un pilar de su economía nacional— el paisaje siempre ha sido una cáscara, algo que hay que pelar para que se revele lo que verdaderamente tiene valor en su interior: el cobre. Chile exporta un tercio de todo el cobre del mundo y depende en gran manera de los once mil millones de dólares anuales que este metal genera para el gobierno. Desde la época colonial española, lo que está bajo tierra siempre ha superado a lo que está sobre el suelo. Tal como lo expresó Neruda: “Quien no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta”. No obstante, hasta hace muy poco, un bosque se talaba si impedía el desarrollo de una mina. No fue sino hasta esta última década que un tribunal chileno dictaminó que una ladera mediterránea cubierta de árboles ubicada no lejos de Santiago tiene mucho más valor tal como está que si se la excava. Esta área, protegida desde 2013, se denomina hoy en día Santuario de la Naturaleza de San Juan de Piche. Durante una visita que realizamos a este lugar, tuvimos la oportunidad de estrujar una hoja, de perfume penetrante y limpio, proveniente de un peumo, un árbol siempreverde de 80 metros de altura con una corteza gris agrietada, lo que nos permitió participar en una experiencia capturada de forma inolvidable por Neruda:

Quebré una hoja enlosada de matorral: un dulce aroma de los bordes cortados me tocó como un ala profunda que volara desde la tierra, desde lejos, desde nunca. . . .  Pensé cómo eres toda mi tierra: mi bandera debe tener aroma de peumo al desplegarse, un olor de fronteras que de pronto entran en ti con toda la patria en su corriente.

Al mismo tiempo, los ambientalistas han sido parte del proceso de sanidad nacional en un país que todavía hoy está emergiendo de la sombra de lo que denominan “un 9/11 diferente”, es decir, el 11 de septiembre de 1973, el día en que los militares chilenos derrocaron al gobierno socialista elegido democráticamente y establecieron una dictadura brutal que duró 17 años. Heraldo Muñoz, el actual ministro de relaciones exteriores del país, escribió que, para muchos, fue “una terrible pérdida de la inocencia. Creíamos que nuestro país era diferente del resto de América Latina y que no caería preso de los horrores de la dictadura”. Las cuestiones relacionadas con la conservación fueron una de las maneras que tuvo el país para comenzar a ponerse en orden de forma pacífica: las demostraciones generalizadas de 1976 dieron como resultado la proclamación del alerce como monumento nacional. “Los militares nos llamaban ‘sandías’, es decir, verdes por fuera y rojos por dentro”, contó Rafael Asenjo, un veterano de aquellos días, en nuestra reunión. Asenjo es, actualmente, el presidente del Tribunal Ambiental de Santiago, y explica: “Pero si íbamos a los tribunales, a los jueces les costaba dictar sentencia en contra nuestra, ya que éramos apolíticos”. Los militares, que abogaban por ciertas reformas en pro del libre mercado, sin querer dieron lugar a nuevos conservacionistas al subsidiar a los propietarios de bosques añejos de crecimiento lento para talar cientos de miles de hectáreas de estos árboles —que, según Rick Klein, fundador de Ancient Forest International, son verdaderos depósitos de la información genética más antigua sobre el agua— y reemplazarlos por monocultivos de pinos importados de América del Norte. Estos árboles de reemplazo crecen tan rápido que están listos para transformarse en pulpa de madera de exportación en sólo siete años. A principios de la década de 1980, el slogan de moda era: “La madera es el nuevo cobre”.

Los éxitos más importantes en cuanto a la conservación comenzaron a darse a partir de la restauración de la democracia en 1990, y continúan hasta el día de hoy. Por una feliz coincidencia, en el vuelo hacia Santiago, me senté al lado del ministro de relaciones exteriores Muñoz, que ahora es el defensor de la protección marina en el país (Muñoz fue uno de los pocos afortunados en salir con vida de la dictadura: de la única tortura que sufrió, le quedó una sola cicatriz, un dedo que nunca sanó correctamente). Los chilenos se consideran a sí mismos un “país tricontinental”, reclaman derechos sobre la Antártida y soberanía sobre las Islas Desventuradas (a dos días de viaje en bote hacia el oeste desde tierra firme) y sobre la Isla de Pascua (otros cinco días más de viaje). En 2015, Chile creó una reserva marina de protección total del tamaño de Italia alrededor de las Islas Desventuradas. Según me informó Muñoz, hoy en día, la pesca ilegal es la tercera actividad delictiva más rentable del mundo (después del narcotráfico y la venta ilegal de armas). Un Área Marina Protegida (AMP) de mayores dimensiones (720.000 kilómetros cuadrados) que se está desarrollando alrededor de la Isla de Pascua junto con la comunidad polinesia local se convertirá en una de las regiones protegidas más grandes del mundo. Los buzos profesionales que han comenzado a explorar las aguas de las Islas Desventuradas dicen que el área se asemejaría a una Patagonia de las profundidades: “Las paredes de peces de colores brillantes hacen que resulte casi imposible ver tu mano enfrente de tu rostro. Sólo cuando nos encontramos en lugares prístinos como este podemos entender cómo eran las cosas antes de que llegaran los humanos”.

Líder mundial en conservación

Los primeros protectores de este país excepcional fueron los mapuches, un pueblo originario de la región centro-sur de Chile y del sudoeste argentino. Estos sagaces guerreros mantuvieron a raya, durante 400 años, a tres ejércitos sucesivos —primero, a las fuerzas enviadas por los Incas; luego, a los españoles; y, finalmente, al nuevo gobierno chileno independiente— y concentraron su creciente población en el centro del país, al sur de los desiertos del norte. Gran parte de la Patagonia no tuvo asentamientos permanentes hasta el siglo XX; actualmente, el 85 por ciento de los chilenos todavía vive en el Valle Central, donde las tierras que se encuentran ubicadas entre las grandes ciudades como Santiago se dedican en forma intensiva a la agricultura. Los viñedos de antaño están creciendo en tamaño y en cantidad; de forma más reciente, se han sumado una serie de huertos de aguacate que se extienden pendiente arriba, tal como si fueran expansiones urbanas descontroladas (al pasar por estos lugares, les dimos el nombre de “condominios de aguacate”).

El 19 por ciento del suelo chileno ha sido designado parque público o reserva pública (compárese con el 14 por ciento de los EE. UU.), por lo que Chile es líder mundial en conservación. No obstante, el 85 por ciento de los parques nacionales y otras áreas protegidas de Chile se encuentra en el sur del país, mientras que sólo el 1 por ciento de la superpoblada región central posee este tipo de protección, aunque, por derecho propio, se considera un paisaje especial, ya que es una de las cinco regiones ecológicas ricas en especies y distintivamente mediterráneas del mundo. Si tenemos en cuenta que el 90 por ciento de todos los terrenos fuera del sistema de parques nacionales es de propiedad privada, las expectativas para la tarea conservacionista podrían parecer desalentadoras; sin embargo, esto señala el camino hacia el futuro, gracias a un cambio brillante y sin precedentes en las leyes del país.

El Derecho Real

Sólo unos meses antes de nuestra conferencia, y después de ocho años de persuasión y debates, el Congreso chileno sancionó por unanimidad la ley de Derecho Real de Conservación: una nueva clase de derecho de propiedad que, según recuerda Rafael Asenjo, se había considerado como “una idea descabellada”. Esta ley invita a los ciudadanos chilenos a participar en actividades de conservación mediante el establecimiento de Áreas Protegidas Privadas (APP) que ahora gozarán de la misma duración y situación legal que los parques públicos. Esta ley democratiza el negocio de la perpetuidad al hacer de la protección un acto voluntario y personal . . . y considerablemente menos costoso. “No necesitamos comprar todo el suelo para salvarlo”, explica William H. Whyte en The Last Landscape (El último paisaje), un resonante manifiesto escrito en 1968 sobre el espacio abierto, que señalaba hacia “el antiguo instrumento del derecho de servidumbre”. Desde los tiempos medievales, sostenía Whyte, la propiedad del suelo se ha entendido como un “conjunto de derechos” que permite a los propietarios de inmuebles extraer el derecho a desarrollar el terreno y luego, en forma separada, vender o donar dicho derecho a una agencia de parques públicos o a un grupo sin fines de lucro (denominado “fideicomiso de suelo”) por una suma menor que el precio de compra completo de la propiedad. En las décadas posteriores al llamado de Whyte, 10.000.000 de hectáreas del paisaje de los EE. UU. (una superficie casi tan grande como el estado de Virginia) se han sometido al derecho de servidumbre. Sin embargo, aunque la idea se ha diseminado por todo el mundo, esta solución no estaba disponible en Chile debido a que este país está regido por el derecho civil de tradición romana, tal como Italia o Suiza, a diferencia de los EE. UU., que es un país regido por el common law (o “derecho consuetudinario”).

El common law en los Estados Unidos y otros países de habla inglesa tuvo su origen en Inglaterra después de la conquista de los normandos, cuando el nuevo gobierno intentó coordinar las distintas costumbres regionales al otorgar a los jueces una considerable libertad para decidir qué tenían en común todas estas costumbres; así, los jueces pasaron a ser la fuente principal del derecho. En contraste, el resto de Europa se regía por leyes que habían sido establecidas para siempre, según se creía, por el emperador bizantino Justiniano en una compilación de derecho romano del siglo VI. Según el derecho civil, toda decisión de no construir sobre un terreno se considera una restricción al propósito principal de poseer una propiedad, a saber, que genere rentas para su propietario. No obstante, hace poco Jaime Ubilla, abogado de Santiago con experiencia internacional (posee un título de grado de la Universidad de Tokio, un doctorado de la Universidad de Edimburgo y habla chino mandarín), propuso que el derecho real de conservación es coherente con esta concepción ancestral, ya que la biología conservacionista moderna ha demostrado que el suelo sin desarrollar posee un valor en constante aumento cuando se lo mantiene en su estado natural. Por lo tanto, no construir sobre un terreno, en lugar de limitar a sus propietarios, les otorga vía libre para amasar un capital natural. El resultado es una ley y un fundamento jurídico que otros países de derecho civil ahora pueden adoptar.

En Chile, la expectativa es que una de las primeras áreas que se vean beneficiadas por el derecho real sea el Santuario de la Naturaleza de San Juan de Piche, cuyos propietarios se endeudaron a fin de desafiar a los intereses mineros ante los tribunales. Además, este acuerdo podría coincidir oportunamente con otro desarrollo sin precedentes en el ámbito de la conservación de suelo privado en Chile: la inminente donación, por parte de un único propietario, de un aporte gigantesco realizado de una sola vez al sistema de parques nacionales del país.

El proyecto de conservación “Tompkins Conservation”

Todo comenzó como una broma aventurera: en 1968, dos norteamericanos en una camioneta destartalada (quienes, más tarde, se llamaron a sí mismos “conquistadores de lo inútil”) recorrieron América del Sur durante seis meses, en los que buscaron experiencias únicas esquiando, surfeando y escalando, hasta que “se amigaron con la idea de ingresar a la fuerza laboral industrial”. Entre otras cosas, escalaron el monte Fitz Roy, que actualmente se encuentra en la marca Patagonia. Los protagonistas fueron: Yvon Chouinard, quien, más tarde, fundó la empresa de indumentaria en 1973; y Douglas Tompkins, quien también se desempeñaba en la industria de la indumentaria, y había fundado y vendido The North Face para financiar el viaje y quien, al regresar a California, fundó Esprit, que vendió en 1989 para convertirse en lo que sus detractores llamaron un “barón de la ecología”. Tompkins se mudó a Chile y, en 1993, se casó con Kristine Tompkins, quien, hasta ese momento, había sido la gerente general de Chouinard en la empresa Patagonia. El matrimonio compró 810.000 hectáreas de terreno virgen en la Patagonia chilena y argentina de a cientos o miles de hectáreas por vez, lo que los convirtió en los mayores propietarios privados de tierras del mundo. El objetivo de los Tompkins era fundar una nueva marca, pero, esta vez, a perpetuidad. La estrategia: aportar sus tierras al sistema de parques nacionales de Chile a través de una serie de acuerdos, con lo que la establecieron, de a poco, como una fuerza irresistible, una “regla de oro” de lugares protegidos que Chile aún poseería en fideicomiso para el mundo unos 200 años después.

Lamentablemente, Doug Tompkins falleció hace poco más de un año en un extraño accidente de kayac. Por lo tanto, Kris Tompkins es ahora la encargada de completar este proyecto, que se anunciará durante este año, según lo informó en nuestra conferencia Hernán Mladinic, sociólogo y director ejecutivo de uno de los futuros parques nacionales y representante del equipo de Tompkins que está negociando los detalles finales con el gobierno chileno. Kris Tompkins donará sus últimas 405.000 hectáreas, la mayor donación de tierras de una sola vez que se haya realizado a un país. A su vez, el gobierno sumará 3.700.000 hectáreas de terrenos estatales, con lo que creará cinco nuevos parques nacionales y expandirá otros tres parques ya existentes. Todo al mismo tiempo. Un par de los nuevos parques han sido, hasta el momento, escaparates de la obra de Tompkins: el Parque Pumalín, que alberga un 25 por ciento de los alerces que todavía permanecen de pie sin haber sido talados en el país; y el Parque Patagonia, el mayor proyecto de restauración de praderas en el mundo, junto con sus especies clave, tales como el puma y el cóndor andino, un proyecto que, en palabras de Kris Tompkins, podrá recordarle a la gente “cómo solía ser el mundo en todos lados y cómo podría ser de nuevo”.

¿Cómo se ve la conservación desde una perspectiva del siglo XXIII? En una charla atípicamente honesta que dio en la Universidad de Yale durante la primavera pasada, Kris Tompkins explicó que tanto ella como su esposo siempre pensaron a gran escala. “Para nosotros, el apalancamiento lo es todo: cada vez que tenemos una operación en manos, vemos las posibilidades de expansión y pensamos, ¿cuál es el apuro para el apalancamiento?”. Lo pensaron seriamente con el fin de plantar una visión aún más abarcadora. “Si tenemos en cuenta que estamos gastando unos cientos de millones de dólares en proteger la tierra, queremos estar seguros de que nuestra inversión está lo más protegida posible. No voy a trabajar tanto si el proyecto solamente va a durar de 25 a 50 años”.

Los Tompkins siempre se consideraron a sí mismos como desarrolladores, aunque según una trayectoria diferente. Esto significa trabajar entre las personas y con las personas, mostrándoles que los parques son un negocio competitivo (“más rentable que el cobre”, como lo afirma Mladinic), y, al mismo tiempo, hacer algo interno que sólo produce efectos en forma gradual. Tal como señala Kris Tompkins: “Cuando se trata de paisajes de grandes dimensiones, lo primero que debes hacer antes de irte del lugar o morir es conseguirlo, para que la misma ciudadanía se enamore del paisaje y, así, se convierta en protectora de su sistema de parques nacionales. Para lograrlo, probablemente esto lleve una generación o una generación y media. Un parque es una enorme fábrica de dinero, pero, lo que es más importante, se convierte en un motivo de orgullo. Entonces, si llega alguna cabeza hueca, lo cual ocurre muy a menudo, e intenta ocupar los bordes de, por ejemplo, el Parque Nacional Olímpico, la gente se enfurecerá”.

El costo de salvar el paraíso

Para casi todas las especies, el mundo natural es un tipo de casa a remodelar, en lugar de ser un hogar soñado listo para habitar: es un depósito de materia prima que se puede allanar y remodelar. Así, tenemos nidos de aves y diques de castores, modificaciones ante el entorno que facilitan la vida y aumentan las probabilidades de sobrevivir. Los antropólogos médicos denominan a estas infraestructuras específicas a cada especie ipsefacts, es decir, “cosas que hacen por sí mismos”. Este concepto va más allá del ámbito de los artefactos (es decir, los cambios que los humanos hacen al entorno), ya que lo que hacemos es un impulso compartido: la necesidad de procurar el propio techo es universal e inevitable. No obstante, entretejer ramitas y plumas en forma de un pequeño recipiente redondo sin mucha profundidad tiene un efecto mínimo en el entorno, e, incluso, los diques de los castores no sólo son perjudiciales sino, a la vez, productivos, ya que generan grandes humedales, corriente arriba y corriente abajo, que benefician a muchas más especies de las que perjudican, mientras que nuestra remodelación del mundo ha traído condiciones de vida edénicas para muchos, pero, simultáneamente, ha desterrado a muchas otras especies e, incluso, ha llegado a destruir el paraíso.

Uno de los temas más espinosos y críticos en la conferencia surgió durante las charlas acerca de pagar por la perpetuidad. Los gobiernos y los donantes privados han sido, tradicionalmente, los pilares de la conservación del suelo, pero se han detenido un poco desde la recesión mundial de 2008. El siguiente paso debe ser lograr que la comunidad de negocios e inversiones se involucre más en el tema. Este sector controla de 16 a 18 billones de dólares en ahorros globales; así, según nos explicó David Boghossian, director gerente de una firma de inversiones con responsabilidad social cuya sede se encuentra en Massachusetts, esto los convierte en “la fuerza más potente de cambio que tenemos a disposición”. Esto representa 30 veces más de lo que podrían donar los generosos filántropos de todo el mundo, cuyos aportes, comparativamente, parecerían un simple “resto decimal”.

Boghossian explicó esta cuestión con lujo de detalles en una presentación titulada “Cómo hacer que las inversiones de impacto sean aburridas”. El término “inversiones de impacto”, que se acuñó hace sólo una década, significa esperar un buen rendimiento financiero y, a la vez, hacer algo bueno por el mundo. Es una tendencia creciente, pero todavía está muy lejos de ser algo aburrido o confiable, lo cual es, según Boghossian, lo que se espera algún día de las inversiones de impacto, es decir, que sean operaciones diarias tan seguras y cómodas como abrir una cuenta bancaria.

Lo espinoso del asunto tiene que ver con el “costo de oportunidad”, es decir, la probabilidad de que un inversor pueda ganar dinero al ejercer un impacto negativo en el paisaje, ya que, en este sentido, los negocios se han establecido tradicionalmente sobre una base de tipo semi-ipsefactual. En condiciones de negocios a las que estamos acostumbrados, ningún daño que se ocasione al medioambiente en forma inadvertida afectará el resultado final. Es un factor externo, considerado como una compensación aceptable: el riesgo lo corre el planeta, no el inversor. En este sentido, la humanidad ha actuado como las demás especies, como si los paisajes que manipulamos fueran inextinguibles como el sol que nos alumbra, como si fueran inalterables como la gravedad.

Sin embargo, hace treinta años comenzamos a darnos cuenta de que el mundo sólo tiene una provisión finita de materia prima, por lo que la sostenibilidad se convirtió en el lema. Hace diez años, cuando el cambio climático se convirtió en algo que la gente podía notar a simple vista, nos percatamos de que, mucho antes de que se acaben las reservas de petróleo y de carbón, el uso indiscriminado de estos recursos calentará el planeta de tal manera que podría poner en peligro todas las cosas: “los paisajes, las fuentes de agua y los cielos que nos brindan el fundamento común”, concluye Levitt.

Hasta hoy, la relación entre los conservacionistas y la comunidad de negocios siempre ha parecido una especie de eterno y silencioso juego de ajedrez. Los negocios hacen uso de ciertos terrenos antes de que los conservacionistas puedan contraatacar poniendo piezas en los flancos fuera de los límites y retirando al contrincante fuera del juego. No obstante, ahora no sólo corren riesgo los jugadores, sino también el lugar donde se juega. Los factores externos están penetrando en el interior, por lo que la comunidad de negocios deberá reforzar las acciones conservacionistas aun si sólo fuera para proteger sus propios intereses.

Y esto es lo que experimentamos en la conferencia: un cambio en la naturaleza de la realidad, una realineación del enfoque, que fue mucho más que solamente un cambio en las bases del financiamiento de la conservación.

Por último, la rosa detrás de la espina: si se requiere de todo un pueblo para educar a un niño (como bien lo expresa un proverbio africano), tal vez se necesite de todo un hemisferio para encauzar el medioambiente, mediante el trabajo conjunto de líderes de negocios y conservacionistas con el fin de salvar el planeta.

 

Tony Hiss fue escritor de planta del New Yorker durante más de 30 años. En la actualidad, es un académico visitante en la Universidad de Nueva York. Es autor de 13 libros, entre los que se cuentan The Experience of Place (La experiencia del lugar) y el más reciente, In Motion: The Experience of Travel (En movimiento: La experiencia de viajar).

Fotografía: BABAK TAFRESHI/National Geographic Creative