Topic: Infraestructura

Captura de pantalla de las imágenes satelitales de i-Tree que muestra el desglose de la cobertura de la tierra en Cambridge

Tecnociudad

Cuantificar el beneficio económico de los árboles
Por Rob Walker, Mayo 18, 2018

En 2012, el Servicio Forestal de los Estados Unidos realizó un estudio de la cobertura arbórea urbana. en él, se estimó que las ciudades del país perdían alrededor de cuatro millones de árboles al año. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza, todos los años, a nivel mundial se eliminan más de 75 000 kilómetros cuadrados de bosques por la agricultura, la explotación forestal y otros factores. Sin embargo, es difícil cuantificar el costo de esta pérdida. Es de amplio conocimiento que las plantas absorben dióxido de carbono y, así, ayudan a atenuar los efectos del cambio climático, pero los planificadores de ciudades podrían beneficiarse si se hiciera una evaluación más precisa y basada en datos del valor del manto verde urbano. Esta evaluación serviría como guía sobre el modo en que los árboles y otras plantas pueden presentarse en el diseño y la planificación de la ciudad contemporánea de la manera más razonable.

Después de todo, así es cómo evaluamos e instalamos infraestructura gris: contamos cada uno de los postes de luz y espacios de estacionamiento, para poder pensar cómo funcionan estos elementos en el diseño de una ciudad. Según David Nowak, científico experto del Servicio Forestal de los EE.UU., históricamente, no hemos sido tan considerados ni exigentes con la cuantificación y, por lo tanto, con la gestión, de la infraestructura verde.

Como regla general, las ciudades compilan los detalles de la infraestructura construida y hacen un seguimiento de estos, pero no hacen lo mismo con los árboles. Así, resulta más difícil planificar e incluso debatir los diversos impactos potenciales que implica mantener, aumentar o reducir la vegetación urbana.

Pero esto ha empezado a cambiar. Nowak encabeza un trabajo pionero manifestado en un proyecto del Servicio Forestal llamado i-Tree, un conjunto de herramientas web que, en parte, funciona con datos de sistemas de información geográfica (SIG). I-Tree combina imágenes satelitales con otros datos para ayudar a ciudadanos, investigadores y funcionarios a comprender los mantos urbanos y otros elementos de la infraestructura verde, en general, en términos económicos.

Por ejemplo, en un análisis de i-Tree de Austin, Texas, se descubrió que los árboles le ahorraron a la ciudad unos USD 19 millones al año en consumo de energía residencial, USD 11,6 millones en captura de carbono y casi USD 3 millones en eliminación de contaminación. Por ejemplo, la infraestructura arbórea de la ciudad produce oxígeno y consume dióxido de carbono, lo cual reduce aún más las emisiones de carbono, que i-Tree estima en USD 5 millones al año. Los árboles aportan otras ventajas; algunas de ellas están cuantificadas, otras no. Entre ellas, absorben la radiación ultravioleta, ayudan a absorber el agua de lluvia y reducen la contaminación acústica.

En otro análisis de i-Tree, realizado en 2017, investigadores de los Estados Unidos e Italia concluyeron que, en todo el mundo, las ciudades con más de 10 millones de habitantes alcanzan una mediana de ahorros anuales de USD 505 millones en reducción de contaminación atmosférica, atenuación de los efectos de la “isla de calor” y otros beneficios que aporta su manto urbano.

Gracias a este tipo de análisis, las ciudades pueden implementar recursos verdes para lograr un máximo impacto y comprender el balance entre las ventajas y las desventajas al momento de tomar muchas decisiones de planificación. Nowak destacó que derribar árboles para hacer estacionamientos genera una pérdida y no solo la ganancia asociada a la mayor cantidad de lugares de estacionamiento.

En el pasado, los árboles eran más bien una preocupación relacionada con los parques y el departamento de silvicultura. Ahora, tienen un papel cada vez más primordial en la respuesta de las ciudades al cambio climático. “Le puedo decir con absoluta certeza que, ya sea que se pueda hablar del cambio climático a nivel político o no, las ciudades y los pueblos de todo el país están muy interesados en descifrar la pregunta: ¿qué haremos hoy al respecto, exactamente?”, dijo Jim Levitt, director asociado de los programas de conservación territorial en el Instituto Lincoln y director de innovación en conservación en Harvard Forest. Agregó que eso es cierto desde Nueva Inglaterra hasta Miami, y Newport News, Virginia, y Phoenix, aunque los motivos específicos varíen, ya sea por problemas de inundaciones, los efectos de la isla de calor u otros.

La última tecnología relacionada con la infraestructura de los árboles responde de forma directa a este interés que tienen las ciudades. A fines de 2016, Senseable City Lab, de MIT, en colaboración con el Foro Económico Mundial, lanzó una herramienta llamada Treepedia y, desde entonces, ha publicado análisis de cobertura arbórea en 27 ciudades de todo el mundo. Con una interesante vuelta de tuerca, no obtiene los datos de los satélites, como muchos proyectos SIG, sino de imágenes seleccionadas de Google Street View. Ofrece otro enfoque a la información de los árboles, dado que, por ejemplo, representa en menor escala los parques urbanos grandes. Pero esta es una decisión de diseño. Los creadores de la herramienta creen que, al detallar el “verdor de la calle” que los ciudadanos experimentan de verdad, el proceso de planificación contará con más información. Según indica Carlo Ratti, director de Senseable City Lab de MIT y fundador de la empresa de diseño Carlo Ratti Associati, el laboratorio seguirá agregando ciudades y tiene un listado de pedidos de distritos, académicos y otros.

“Las ciudades intentan adquirir mejor información y comprender el estado actual del manto urbano”, explica. “La mayoría de ellas no posee los recursos para evaluar toda la ciudad de forma manual. Los datos de Treepedia pueden ofrecerles un punto de referencia firme” y se pueden concentrar en donde más se necesitan. “Para otros, como planificadores y diseñadores, es útil como agente para medir la percepción que tienen los ciudadanos sobre el espacio verde y los árboles”, indica, porque captura una especie de perspectiva compartida “desde el suelo”. Pronto, el laboratorio lanzará una versión de código abierto de su software para que las ciudades, las organizaciones no gubernamentales y los grupos comunitarios puedan recopilar sus propios datos. Con esto esperan que las ONG y los grupos locales utilicen Treepedia “como herramienta para determinar dónde se necesita plantar y presionar a los gobiernos locales con campañas basadas en evidencia”, explica Ratti.

Esto se condice con un interés más amplio entre los ciudadanos y los planificadores en las iniciativas de ciudades ecológicas, como los proyectos a gran escala de Nueva York y Atlanta, entre otros. Nowak, del programa i-Tree, dijo que sus herramientas ayudaron a guiar a los organizadores de Million Trees NYC, una iniciativa pública y privada que aumentó en alrededor de un 20 por ciento el total del bosque urbano de Nueva York. El proyecto London i-Tree Eco Project, según su informe de 2015, utilizó i-Tree para cuantificar “la estructura del bosque urbano (los atributos físicos, como densidad y salud de los árboles, área de las hojas y biomasa)”, con miras específicas a la captura de su valor “en términos monetarios”. Según el informe, se registraron ahorros en captura de carbono por GBP 4,79 millones (unos USD 6,75 millones) al año. “Esperamos ofrecer números derivados de forma local, para ayudar a las personas a tomar decisiones informadas, ya sea a favor o en contra de los árboles”, dice Nowak.

Landscape, una aplicación de i-Tree, está pensada para los planificadores en particular. Los usuarios pueden explorar el manto de árboles, cruzado con información demográfica básica que llega al nivel del censo por manzana, y ofrece datos relacionados con la atenuación de contaminación, impactos en la temperatura y otros factores. Por ejemplo, los usuarios pueden identificar con facilidad las zonas con alta densidad de población, pero baja cobertura arbórea. Durante el año que viene, el proyecto i-Tree agregará datos sobre especies de árboles y está intentando obtener comentarios para modificar la herramienta de forma que ayude más en la planificación, indica Nowak.

A grandes rasgos, la idea es la misma que dio forma a i-Tree desde el inicio: un enfoque basado en datos para pensar en la infraestructura verde. “Queremos ayudar a responder la siguiente pregunta: si puedo plantar un solo árbol o hacer un solo cambio en el entorno verde de la ciudad, ¿dónde debería hacerlo?”, dijo Nowak.

 


 

Rob Walker (robwalker.net) es columnista de la sección Sunday Business del New York Times.

Credito de imagen: Servicio Forestal de los EE.UU.

Screenshot of i-Tree satellite imagery showing the breakdown of land cover in Cambridge

City Tech

Quantifying the Economic Benefit of Trees
By Rob Walker, Abril 10, 2018

A 2012 United States Forest Service Study of urban tree cover estimated that American cities were losing around four million trees per year. Worldwide, agriculture, logging, and other factors eliminate 18.7 million acres of forest annually, according to the World Wildlife Fund. Yet the cost of that loss is hard to quantify. It’s widely recognized that plants absorb carbon dioxide, helping to mitigate the effects of climate change, but city planners could benefit from a more precise, data-driven assessment of the urban canopy’s value to guide how trees and other vegetation can most sensibly figure in the design and planning of the contemporary city.

After all, that’s how we evaluate and install gray infrastructure, counting every light pole and parking lot to help us think about how these elements work in a city’s design. Historically, we haven’t been as thoughtful or demanding about quantifying, and thus managing, green infrastructure, according to David Nowak, a senior scientist with the U.S. Forest Service.

As a rule, cities compile and track the details of the built infrastructure, but not trees. This makes it harder to plan for, or even debate, the various potential impacts of maintaining, increasing, or reducing urban vegetation.

But that has been changing. Nowak leads a pioneering effort in the form of a Forest Service project called i-Tree, a suite of Web tools drawing in part on geographic information system (GIS) data. I-Tree combines satellite imagery and other data to help citizens, researchers, and officials understand urban canopies and other green infrastructure elements, often in economic terms.

For example, an i-Tree analysis of Austin, Texas, found that trees save the city about $19 million a year in residential energy use, $11.6 million in carbon capture, and almost $3 million in pollution removal. The city’s arboreal infrastructure produces oxygen and consumes carbon dioxide, for instance, adding up to a reduction in carbon emissions that i-Tree values at $5 million annually. Other tree payoffs—some quantified, others not—include absorbing ultraviolet radiation, helping absorb rainwater, and reducing noise pollution.

In another i-Tree analysis, conducted in 2017, researchers in the United States and Italy concluded that, worldwide, cities with populations over 10 million realize median annual savings of $505 million from reduced air pollution, mitigated “heat island” effects, and other benefits derived from their urban canopies.

This type of analysis can help cities deploy green resources for maximum impact and understand the tradeoffs involved in many planning decisions. Clearing trees to make way for a parking lot entails a loss, not just the gain associated with increased parking, Nowak noted.

In the past, trees were more likely a concern for the parks or forestry department. Increasingly, they’re central to cities’ responses to climate change. “I can tell you definitively that cities and towns across the nation are very interested in figuring out, whether or not you can talk about climate change politically, ‘What exactly are we going to do about it today?’,” said Jim Levitt, associate director of land conservation programs at the Lincoln Institute, and director of conservation innovation at the Harvard Forest. That’s true from New England to Miami to Newport News, Virginia, and Phoenix, he added, even if the specific reasons vary, whether flood issues, heat island effects, or others.

Recent arboreal infrastructure-related technology responds directly to this city-level interest. In late 2016, MIT’s Senseable City Lab, in collaboration with the World Economic Forum, launched a tool called Treepedia and has since published analyses of tree coverage in 27 cities around the world. In an interesting twist, it draws not on the satellite data behind many GIS projects, but on imagery culled from Google Street View. It offers a different skew on tree data, since, for example, it underrepresents large urban parks. But this is by design. The tool’s creators believe that detailing the “street greenery” citizens actually experience can inform the planning process. The lab will continue to add cities and has a backlog of requests from municipalities, academics, and others, according to Carlo Ratti, director of the MIT Senseable City Lab and founder of the design firm Carlo Ratti Associati.

“Cities are trying to acquire better information and understand the current state of the urban canopy,” Ratti said. “Most of them do not have the resources to manually survey the entire city. Treepedia data can give them a solid baseline” and focus efforts where they may be needed most. “Others, like planners and designers, find it useful as a proxy for measuring the perception of green space and trees by citizens,” he said, because it captures a kind of shared perspective “from the ground.” The lab will soon release an open-source version of its software to let cities, nongovernmental organizations, and community groups compile their own data. The hope is that NGOs and local groups will use Treepedia “as a tool to both determine where planting is needed and lobby their local governments with evidence-based campaigns,” Ratti explained.

This is consistent with a broader interest among citizens and planners in green city initiatives, including high-profile projects from New York to Atlanta and beyond. Nowak, of the i-Tree program, said that its tools helped guide the organizers of Million Trees NYC, a public-private initiative that increased New York’s aggregate urban forest by an estimated 20 percent. The London i-Tree Eco Project, according to its 2015 report, used i-Tree to quantify “the structure of the urban forest (the physical attributes such as tree density, tree health, leaf area, and biomass),” with a specific eye toward capturing its value “in monetary terms.” Carbon sequestration savings logged in at £4.79 million (roughly $6.75 million) annually, according to the report. “Our hope is to provide numbers that are locally derived, to help people make informed decisions—whether it’s pro or against trees,” Nowak said.

One i-Tree Web application, Landscape, is intended for planners in particular. Users can explore tree canopy, cross-matched with basic demographic information down to the census-block level, offering data related to pollution mitigation, temperature impacts, and other factors. For example, users can easily identify areas with high population density but low tree cover. The i-Tree project is adding data on tree species over the next year and is seeking feedback to modify the tool in ways that make most sense for planning, according to Nowak.

The broad idea is the same one that has shaped i-Tree from the start—a data-driven approach to thinking about green infrastructure. “We want to help answer the question: If I can plant only one tree or make one change to the city’s green landscape, where should I do it?” Nowak said.

 


 

Rob Walker (robwalker.net) is a columnist for the Sunday Business section of the New York Times.

Image credit: U.S. Forest Service