Topic: Água

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Aerial night skyline of Tegucigalpa, Honduras, from El Picacho Park. The landing strips of the airport are visible in the distance.

¿Es posible que la planificación exploratoria de escenarios ayude a las comunidades latinoamericanas a resolver sus desafíos hídricos? 

Por Jon Gorey, Julho 15, 2026

La ciudad de Tegucigalpa, capital de Honduras, enclavada en un valle rodeado de montañas, alberga dentro de sus límites urbanos el Aeropuerto de Toncontín, uno de los aeropuertos más difíciles y peligrosos del mundo para las maniobras de despegue y aterrizaje. Por esto, a fines de 2016, Honduras comenzó la construcción de un nuevo aeropuerto en una antigua base aérea a 80 kilómetros al noroeste de la capital, con pistas más largas y una aproximación más confiable.

Cuando el nuevo Aeropuerto Internacional de Palmerola abrió sus puertas en 2021 en las afueras de la pequeña ciudad de La Paz provocó una explosión de urbanización en los alrededores, lo que ejerce más presión en el sistema hídrico de la zona, que ya se encuentra saturado.

Entre la afluencia de residentes que se acercan al aeropuerto y los nuevos negocios e industrias que surgieron en las cercanías, “se registra un crecimiento urbano exponencial”, explica Alfredo Stein, exprofesor de Planeamiento Urbano en la Universidad de Manchester, quien ahora es miembro de la junta ejecutiva con sede en Honduras del Instituto para el Desarrollo Urbano Internacional (I2UD, por sus siglas en inglés).

En abril, el I2UD, junto con la Asociación para el Manejo Integrado de Cuencas de La Paz y Comayagua y otras organizaciones sin fines de lucro, y con el apoyo del Consorcio para la Planificación de Escenarios y los programas de América Latina y el CaribeSuelo y Agua del Instituto Lincoln, organizó un taller de planificación exploratoria de escenarios en La Paz con varios miembros de la comunidad, empresas privadas y funcionarios locales. Una meta principal del taller fue fortalecer la gobernanza colaborativa del agua en todo el sistema hídrico interconectado, desde las cabeceras de la cuenca superior hasta los barrios urbanos de la parte inferior.

Incluso antes del aumento en el consumo de agua producido por el nuevo aeropuerto y la expansión urbana descontrolada que trajo consigo, los residentes de la ciudad de la cuenca inferior, que incluye La Paz, solo tenían agua corriente durante parte del día debido a la escasez del suministro de agua y la infraestructura inadecuada, explica Giovanni Pérez Macías, quien ayudó a facilitar el taller. Mientras tanto, la cuenca superior de carácter más rural, que da origen a una gran parte del agua de la zona, cada vez alberga más cultivos para la producción de café. La agricultura es un importante motor de la economía hondureña, pero también es un uso del suelo que puede agotar y contaminar los suministros de agua.

Como ocurre en muchos lugares con sistemas hídricos rurales-urbanos interdependientes, la gestión de la cuenca está a cargo de diversas autoridades: en este caso son, en su mayoría, juntas hídricas locales con dirigencia barrial, que hacen todo lo posible para servir a sus propias comunidades. “Las personas que están en la parte inferior no son plenamente conscientes de las complejidades de conservar y producir agua terreno arriba y, a veces, no están dispuestas a contribuir para cubrir los costos de producción del agua que llega a la ciudad”, indica Stein. “Entonces, la idea del taller es cerrar esta brecha entre la cuenca superior y la inferior”.

Las dos regiones de la cuenca comparten desafíos similares de “gobernabilidad, cambio climático, cuestiones técnicas y financiamiento”, comenta Alejandra Mortarini, vicepresidenta de I2UD. “El problema es la falta de dinero en la parte superior, por lo que alguien tiene que aportar para sostener el trabajo que se realiza en la cuenca superior”.

Ante el impacto que el nuevo aeropuerto ejerce en la región, Stein se pregunta si una tarifa por pasajero, algo que, en su opinión, tuvo éxito en Costa Rica, podría ayudar a financiar la gestión de la calidad del agua, la conservación y la infraestructura. O tal vez sería posible persuadir a los productores de café y las empresas urbanas para que paguen más por una garantía de servicio de agua continuo.

“Si quieren seguir operando, necesitarán agua, por lo que es necesario establecer un cierto fondo local para el mantenimiento de este proceso de producción de agua”, explica Stein. “¿Será una tasa, un impuesto? La ley municipal en Honduras permite que se implementen muchas de estas alternativas financieras”.

Los talleres también exploraron estrategias a largo plazo para garantizar una mayor resiliencia a los riesgos climáticos. “Hubo un aumento bastante drástico en la demanda de agua, y esto sucede en el contexto de impactos climáticos graves”, agrega Stein, desde períodos de sequía más frecuentes hasta lluvias más intensas que causan inundaciones. “Tenemos estrés hídrico, un aumento en la demanda de agua, una disminución de las fuentes de agua, un cambio drástico en el uso del suelo, incendios forestales, explosión demográfica: esos son los problemas que pretende abordar este taller de planificación de escenarios”.

Los organizadores (otros socios incluyeron Hábitat para la Humanidad Honduras y Goal Honduras) llevaron a cabo una serie de talleres previos a la sesión de abril para ayudar a que los miembros de la comunidad identifiquen un conjunto de fuerzas impulsoras y escenarios futuros, a fin de que los asistentes los consideren juntos con más detalle. El marco de planificación exploratoria de escenarios ayudó a crear un entorno de apoyo para tener conversaciones que pueden ser incómodas, comenta Pérez Macías. “Hablar sobre el futuro de una comunidad resulta ser un espacio común . . . Es algo que todos compartimos”. De hecho, el título de uno de los escenarios era “Soñar no cuesta nada”.

Apuntes del taller de XSP en La Paz, Honduras.
Apuntes del taller de XSP en La Paz, Honduras. Crédito: Giovanni Pérez Macías.

Al final del taller de un día y medio en abril, “sucedió algo realmente sorprendente”, agrega Pérez Macías.

“Siempre existe el riesgo de que las estrategias finales estén, en cierta forma, fuera del alcance de la comunidad”, explica. “Como: ‘necesitamos una nueva ley nacional’ o ‘necesitamos USD 10 millones’. Así que les pedimos que piensen en estrategias que estén bajo su control. Y sucedió lo siguiente: decidieron que la primera estrategia era que este grupo de personas continuara conversando sobre el agua e intentara construir una junta hídrica local con diferentes representantes de la cuenca superior, la cuenca inferior, las ONG y los grupos gubernamentales y económicos de la región”.

Ese tipo de resultado tangible es lo que puede hacer que la planificación de escenarios sea una herramienta tan efectiva para las comunidades que enfrentan desafíos complejos e interconectados, explica Heather Hannon, directora de Práctica de Planificación y Planificación de Escenarios en el Instituto Lincoln. Como ejercicio de visión comunitaria, “está diseñado para dar lugar a nuevas formas de pensar sobre el futuro, pero también para estimular acciones y compromisos significativos en el presente”, agrega.

Los miembros de la comunidad local y funcionarios hídricos participan en un taller de planificación exploratoria de escenarios en La Paz, Honduras.
Los miembros de la comunidad local y funcionarios hídricos participan en un taller de planificación exploratoria de escenarios en La Paz, Honduras. Crédito: Giovanni Pérez Macías.

El taller de La Paz fue uno de los cinco proyectos centrados en el uso de la planificación exploratoria de escenarios (XSP) para enfrentar los desafíos hídricos en América Latina seleccionados para recibir apoyo a través del Consorcio para la Planificación de Escenarios y el programa de América Latina y el Caribe del Instituto Lincoln.

“En toda América Latina y el Caribe, las comunidades enfrentan presiones crecientes en torno al agua, el uso del suelo, la variabilidad climática y la gobernanza”, indica Kristen Keener Busby, directora asociada de Implementación de Programas del Centro Babbitt de Políticas de Suelo y Agua del Instituto Lincoln. “Uno de los aspectos más valiosos de estos talleres es la creación de un espacio para que diversas partes interesadas exploren juntas la incertidumbre mientras identifican vías prácticas con base local para alcanzar la resiliencia a largo plazo”.

Los otros cuatro proyectos seleccionados, que también están en marcha, incluyen los siguientes:

  • Un consorcio de investigadores de Bogotá, Colombia, está utilizando el marco de planificación exploratoria de escenarios para abordar las presiones climáticas, ambientales y de uso del suelo en la laguna de Suesca en Suesca, Colombia, y sustentar el plan de manejo de la laguna, fortalecer la colaboración entre las comunidades y la autoridad ambiental, y desarrollar enfoques escalables para la gobernanza resiliente.
  • En México, el Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara (IMEPLAN) está ejecutando un proceso de XSP centrado en los riesgos de inundación a fin de mejorar la gestión de las aguas pluviales y fortalecer la resiliencia; el proceso culminó con la implementación de un plan de gestión de inundaciones a largo plazo para el área metropolitana.
  • Aquafondo, con sede en Lima, Perú, reunirá a las comunidades de la subcuenca de Santa Eulalia para el desarrollo conjunto de escenarios futuros para la gobernanza hídrica y la gestión territorial, y la identificación de enfoques a largo plazo para fortalecer la resiliencia del agua en toda la cuenca ante la incertidumbre institucional y un clima cambiante.
  • Para abordar la creciente escasez de agua en la cuenca del río Mendoza en Argentina, CONICET Mendoza, en coordinación con las organizaciones locales de usuarios de agua, empleará XSP con el objetivo de fomentar la toma de decisiones participativas para la gestión equitativa y sostenible del agua entre los usos que compiten entre sí.

Obtenga más información sobre solicitudes de propuestas, becas y oportunidades de investigación del Instituto Lincoln.


Jon Gorey es redactor del Instituto Lincoln de Políticas de Suelo.

Imagen principal: Horizonte nocturno aéreo de Tegucigalpa, Honduras, desde el parque El Picacho. Crédito: Leonid Andronov vía Getty Images.

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Three people walk along a trail. A rocky mountain obscures most of the sky behind them.

Sembrar agua, sembrar el futuro en las altas montañas del Perú

Por Melinda Lis Maldonado, Julho 15, 2026

La camioneta se detuvo y supe que era hora de bajar. Siguiendo el consejo del “guardián del agua” que acababa de conocer, abrí primero la puerta y esperé unos segundos. Respiré el aire denso de la montaña y bajé con cuidado. Apenas había caminado unos metros cuando sentí en el cuerpo el peso de más de 4.500 metros de altitud. Me detuve un momento, un poco mareada, esperando a que pasara el vértigo.

Nada de eso me impidió quedarme allí, de pie, contemplando el paisaje. Ante mí se extendían las montañas andinas del Perú, imponentes y silenciosas. Mientras observaba aquella escena, pensé que probablemente era el lugar más alto al que había llegado en mi vida, y me pregunté si el Instituto Lincoln habría llegado alguna vez tan alto…

Pero la altitud era apenas el comienzo de la historia.

Un pueblo a la base de una montaña verde.
El pueblo de San Pedro de Casta, a unos 3.000 metros sobre el nivel del mar, en la cuenca alta de Santa Eulalia. Fuente: Instituto Lincoln de Políticas de Suelo.

Imaginar el futuro de una subcuenca

La visita a la montaña tuvo lugar el día anterior a un taller sobre resiliencia hídrica en la subcuenca de Santa Eulalia, muchos metros más abajo. El encuentro forma parte de un proceso que se ha venido desarrollando durante varios meses y que busca fortalecer la capacidad de distintos territorios de América Latina y el Caribe para imaginar y prepararse ante futuros inciertos relacionados con el agua.

La herramienta detrás de ese ejercicio es la planificación de escenarios exploratorios (XSP por su sigla en inglés): en lugar de apostar por un único futuro predecible o deseable, se propone navegar por una gama de futuros inciertos para luego regresar al presente y diseñar estrategias para enfrentarlos.

Santa Eulalia es uno de los cinco casos que conforman esta iniciativa regional, liderada por el Instituto Lincoln de Políticas de Suelo a través de su Consorcio para la Planificación de Escenarios y de su programa de suelo y agua, el Centro Babbitt para Políticas de Suelo y Agua. La implementación local estuvo a cargo de Aquafondo, el Fondo de Agua para Lima y Callao, una organización que promueve la seguridad hídrica mediante soluciones basadas en la naturaleza y la colaboración entre múltiples actores.

Durante dos días, integrantes de comunidades rurales, autoridades, organizaciones y otros actores locales trabajaron juntos para imaginar distintos escenarios, construidos en torno a factores de cambio que los participantes consideraron más críticos con base en su incertidumbre e impacto. ¿Cómo se vería esta subcuenca en medio de impactos climáticos frecuentes e intensos y de inestabilidad política? Esa fue la pregunta que abordó el grupo que trabajó sobre el escenario más adverso, al que titularon “Mi querida Santa Eulalia, te estás muriendo —¿dónde cantaremos las Hualinas…?”

El escenario más adverso, imaginado y dibujado por uno de los grupos del taller. Fuente: Instituto Lincoln de Políticas de Suelo.

Más allá de las diferencias entre escenarios, ciertas respuestas aparecían una y otra vez. Y cuando las ordenamos, terminaron dibujando tres grandes ideas.

Primera idea: cuidar la infraestructura natural y ancestral

La primera fue la necesidad de fortalecer las infraestructuras hídricas naturales y ancestrales que durante siglos han permitido gestionar el agua en las montañas. Aquí, las amunas ocuparon un lugar central.

Las amunas son canales construidos en las partes altas de las montañas que captan el agua de lluvia durante la temporada húmeda y la conducen hacia terrenos permeables, donde se filtra y recarga el acuífero. Almacenada en el subsuelo, esa misma agua se libera gradualmente y vuelve a aflorar meses después, en la temporada seca, en manantiales más abajo en la ladera, justo cuando más se necesita. Es un sistema tan sencillo como ingenioso, heredado de tiempos prehispánicos y conservado de generación en generación. La práctica se conoce como “siembra y cosecha de agua”: se siembra cuando el agua es abundante para poder cosecharla cuando escasea.

Su impacto no es menor. Se estima que un kilómetro de amuna aporta alrededor de 148.000 metros cúbicos de agua al año, según los estudios de monitoreo de Aquafondo, y hasta la fecha se han restaurado cerca de 87 kilómetros de amunas. Pero quizá lo más revelador es que el agua sembrada en las montañas no se queda allí: viaja por el subsuelo y puede llegar mucho más lejos, incluso hasta las ciudades.

Bofedales —humedales altoandinos que almacenan agua (izquierda)— y una amuna restaurada (derecha): dos piezas de la infraestructura natural y ancestral que regula el agua en las alturas. Fuente: Instituto Lincoln de Políticas de Suelo.

Segunda idea: recuperar y transmitir el conocimiento

La segunda fue la importancia de recuperar, visibilizar y transmitir el conocimiento ligado a estas prácticas, a través de programas educativos y culturales.

Esta idea me pareció especialmente poderosa. Porque lo que no se visibiliza rara vez se valora. Y lo que no se valora rara vez se transmite a las nuevas generaciones. Cuando ese conocimiento se pierde, no solo desaparecen técnicas o prácticas concretas: también se pierde una manera de entender el territorio, de relacionarse con el agua y de construir resiliencia.

Esta no es una intuición aislada. El propio Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en su informe sobre impactos, adaptación y vulnerabilidad (2022), reconoce que el conocimiento indígena y local ofrece una comprensión valiosa para actuar frente al riesgo climático y puede enriquecer las políticas y prácticas de adaptación. En las amunas, ese principio se vuelve tangible: un cuerpo de conocimiento de más de mil años de antigüedad que hoy demuestra ser una herramienta concreta para adaptarse a la incertidumbre hídrica.

Un grupo de personas, la mayoría en camisas y gorras azules, se reúnen alrededor de una mesa para ocmpartir sus experiencias y planear para el futuro.
Distintos actores —comunidades, autoridades y organizaciones— comparten sus conocimientos y visiones durante el taller en la subcuenca de Santa Eulalia. Fuente: Aquafondo.

Tercera idea: financiar lo que la montaña nos da

La tercera fue diseñar mecanismos de financiamiento para restaurar y mantener estos ecosistemas —y ahí, en cierto modo, se juega todo el esfuerzo—. Las amunas y los bofedales no se mantienen solos: necesitan manos que los restauren y recursos que hagan posible ese trabajo año tras año. La pregunta que estaba debajo de cada idea planteada en el taller era la misma: ¿quién paga por la infraestructura que hace posible el agua, y cómo llegan esos recursos a quienes la mantienen en pie?

No hay una sola respuesta, y por eso mismo vale la pena explorarla —desde instrumentos de financiamiento basados en el suelo hasta mecanismos voluntarios de conservación—. Este es el terreno en el que trabaja una institución como el Instituto Lincoln: articular cómo se usa, se gobierna y se financia el suelo, para que cuidar un territorio y pagar por ese cuidado dejen de ser dos decisiones separadas.

Lo que vale la pena subrayar es que no existen territorios aislados: el agua lo conecta todo. El agua que llega a Lima nace en las montañas, y mientras ese vínculo no se reconozca, quienes cuidan las fuentes en lo alto seguirán sosteniendo, casi en silencio, el abastecimiento de agua de millones de personas aguas abajo. El desafío es que estos mecanismos lleguen, sin diluirse en el camino, a las comunidades que cuidan el agua en las alturas.

La verdadera altura

Hoy, de vuelta en mi propia ciudad, apenas unos metros sobre el nivel del mar, todavía recuerdo aquel mareo que sentí en las montañas. Pero cuando pienso en este viaje, la altitud ya no es lo que más importa.

Lo que me queda es la imagen de comunidades que se reunieron para imaginar su futuro colectivo y, al hacerlo, reconocieron el valor del conocimiento acumulado a lo largo de generaciones. Quizá esa fue la verdadera altura alcanzada durante aquellos días: no la de los 4.500 metros sobre el nivel del mar, sino la de una conversación que llegó a lugares donde rara vez se piensa el futuro de manera colectiva, y donde el conocimiento del pasado todavía ofrece respuestas a los desafíos del mañana. Como lo expresó un integrante de la comunidad, con una sencillez que se me quedó grabada: “Muchas veces creemos que el pasado fue mejor, pero somos nosotros quienes podemos hacer que el futuro sea aún mejor”.

Un grupo de personas, la mayoría con gorras y camisas azules, se reúnen afuera para tomarse una foto.
Participantes del taller de planificación de escenarios exploratorios en la subcuenca de Santa Eulalia, mayo de 2026. Fuente: Aquafondo.

Melinda Maldonado es abogada basada en Argentina con Doctorado en Estudios Urbanos. Sus líneas de trabajo incluyen financiamiento urbano, cambio climático y conflictos urbano-ambientales. Tiene amplia experiencia como investigadora, docente y consultora en el sector público y privado. Es colaboradora del Programa para América Latina y el Caribe del Instituto Lincoln desde 2010 en cursos de cambio climático y fundamentos jurídicos de políticas de suelo. Aquí también es investigadora de financiamiento de medidas para el cambio climático con tributos y cargas urbanísticas, y especialmente las soluciones basadas en la naturaleza. 

Imagen principal: Integrantes del equipo del Instituto Lincoln y de Aquafondo recorren la zona de amunas, a unos 4.500 metros sobre el nivel del mar. Fuente: Instituto Lincoln de Políticas de Suelo.

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Three people walk along a trail. A rocky mountain obscures most of the sky behind them.

Sowing Water, Sowing the Future in the High Mountains of Peru

By Melinda Lis Maldonado, Julho 8, 2026

The pickup truck stopped and I knew it was time to get out. Following the advice of the “water guardian” I had just met, I opened the door and waited a few seconds before exiting. I breathed in the dense mountain air and stepped down carefully. I had walked only a few meters before I felt in my body the weight of more than 4,500 meters (14,760 feet) of altitude. I paused for a moment, a little dizzy, waiting for the vertigo to pass.

None of that kept me from standing there, taking in the landscape. Before me stretched the Andean mountains of Peru, imposing and silent. As I looked out over the scene, I thought it was probably the highest place I had ever reached in my life—and I wondered whether the Lincoln Institute had ever reached so high….

Yet the altitude was only the beginning of the story.

Imagining the Future of a Sub-Basin

The mountain visit took place the day before a workshop on water resilience in the Santa Eulalia sub-basin, many meters lower down. The gathering was part of a process that had been unfolding for several months that seeks to strengthen capacity across Latin America and the Caribbean to imagine and prepare for uncertain futures in the context of water.

The tool behind that exercise is exploratory scenario planning (XSP): Rather than betting on a single predictable or desirable future, XSP sets out to navigate a range of uncertain futures and then return to the present to design strategies accordingly.

Santa Eulalia is one of five cases that make up this regional initiative, led by the Lincoln Institute of Land Policy through its Consortium for Scenario Planning and its land and water program, the Babbitt Center for Land and Water Policy. Local implementation was carried out by Aquafondo, the Water Fund for Lima and Callao, an organization that promotes water security through nature-based solutions and collaboration among multiple stakeholders.

Over two days, members of rural communities, authorities, organizations, and other local stakeholders worked together to imagine different future scenarios for the basin, built around the driving forces participants considered most critical in terms of their uncertainty and impact. What would this sub-basin look like amid frequent, intense climate impacts and political instability? The group working on the most adverse scenario asked that question, titling the scenario “My dear Santa Eulalia, you are dying—where will we sing the hualinas…?” Hualinas are traditional Peruvian songs that pay tribute to water.

The most adverse scenario (left), imagined and drawn by one of the workshop groups (right). Credit: Lincoln Institute of Land Policy.

Despite the differences among scenarios, certain answers came up again and again, aligning with three broad ideas.

First Idea: Caring for Natural and Ancestral Infrastructure

The first idea concerned the need to strengthen the natural and ancestral water infrastructures that for centuries have made it possible to manage water in the mountains. Here, the amunas took center stage.

The amunas are channels built in the upper reaches of the mountains that capture rainwater during the wet season and carry it across permeable terrain, where it slowly infiltrates the subsoil. Months later, in the dry season, that same water resurfaces lower down, just when it is needed most. It is a system as simple as it is ingenious, inherited from pre-Hispanic times and preserved from generation to generation. The practice is known as “sowing and harvesting water”: You sow when water is abundant so you can harvest it when it is scarce.

Its impact is no small thing. Estimates say one kilometer of amuna contributes around 148,000 cubic meters (39 million gallons) of water per year, according to Aquafondo’s monitoring studies, and to date about 87 kilometers (54 miles) of amunas have been restored. But perhaps most revealing is that the water sown in the mountains does not stay there: It travels through the subsoil and can reach much farther, even to the cities.

Bofedales—high-Andean wetlands that store water (left)—and a restored amuna (right): two pieces of the natural and ancestral infrastructure that regulates water in the highlands. Credit: Lincoln Institute of Land Policy

Second Idea: Recovering and Passing on Knowledge

The second idea addressed the importance of recovering, making visible, and passing on the knowledge tied to these practices, through educational and cultural programs.

This idea struck me as especially powerful. Because what is not made visible is rarely valued. And what is not valued is rarely passed on to new generations. When that knowledge is lost, not only do specific techniques or practices disappear—so does a way of understanding the territory, of relating to water, and of building resilience.

This is not an isolated intuition. The Intergovernmental Panel on Climate Change itself, in its report on impacts, adaptation, and vulnerability, recognizes that Indigenous and local knowledge offers valuable understanding for acting on climate risk and can enrich adaptation policies and practices. In the amunas, that principle becomes tangible: A body of knowledge more than 1,000 years old proves to be a concrete tool for adapting to water uncertainty today.

A group of people, many wearing matching blue shirts and caps, gather around a table to share their experiences and plan for the future.
Representatives of different stakeholder groups—including communities, authorities, and organizations—shared their knowledge and visions during the workshop in the Santa Eulalia sub-basin. Credit: Aquafondo.

Third Idea: Financing What the Mountain Gives Us

The third idea was to design financing mechanisms to restore and maintain these ecosystems—and this, in a way, is where the whole effort is decided. Amunas and bofedales do not maintain themselves: they need hands to restore them and resources that make that work possible year after year. The question underlying every idea raised in the workshop was the same: who pays for the infrastructure that makes water possible, and how do those resources reach the people who keep it functioning?

There is no single answer, and that is why it is worth exploring—from land-based financing instruments to voluntary conservation mechanisms. This is exactly the intersection where the Lincoln Institute works: tying together how land is used, governed, and financed, so that caring for a territory and paying for that care stop being two separate decisions.

Water connects everything. The water that reaches Lima is born in the mountains, and as long as that link goes unrecognized, those who care for the sources high up will keep sustaining, almost in silence, the water supply of millions downstream. The challenge is for these mechanisms to reach the communities that care for water in the highlands, without being diluted along the way.

The True Height

Today, back in my own city, just a few meters above sea level, I still remember that dizziness I felt in the mountains. But when I think about this trip, the altitude is no longer what matters most.

What stays with me is the image of communities that came together to imagine their collective future and, in doing so, recognized the value of knowledge accumulated over generations. Perhaps that was the true height reached during those days: not the 4,500 meters above sea level, but the conversation that reached places where the future is rarely considered collectively, and where knowledge of the past still offers answers to the challenges of tomorrow. As one community member put it, with a simplicity that stayed with me: “We often believe the past was better, but we are the ones who can make the future even better.”

A group of people, most of whom are wearing matching blue shirts and caps, gather outside for a photo, waving at the camera.
Participants in the exploratory scenario planning (XSP) workshop in the Santa Eulalia sub-basin, May 2026. Credit: Aquafondo.

Melinda Maldonado is an Argentina-based lawyer with a PhD in Urban Studies, specializing in urban finance, climate change, and urban-environmental conflicts. She has extensive experience as a researcher, lecturer, and consultant across both the public and private sectors. A collaborator with the Lincoln Institute’s Latin America and Caribbean Program since 2010, she teaches courses on climate change and urban law. Her work currently focuses on land value capture as a means of financing climate measures, particularly nature-based solutions.

Lead image: Members of the Lincoln Institute and Aquafondo teams walk along the amunas (high-altitude rainwater channels) at around 4,500 meters above sea level in the Andes of Peru. The two organizations recently ran a scenario planning workshop focused on water resilience in the Santa Eulalia sub-basin. Credit: Lincoln Institute of Land Policy.

Jessica Bremner, assistant professor of urban geography at California State University, Los Angeles
Fellows in Focus

People, Place, and Power: Exploring How Land and Water Policies Shape Spatial Injustice

By Jon Gorey, Junho 25, 2026

The Lincoln Institute provides a variety of early- and mid-career fellowship opportunities for researchers. In this series, we follow up with our fellows to learn more about their work.

Six years ago, Jessica Bremner was preparing to spend a year in Brazil studying housing issues on a Fulbright scholarship. She was scheduled to depart at the end of March 2020.

“We know what happened, everything shut down—so I needed to pivot,” says Bremner, now an assistant professor of urban geography at California State University, Los Angeles. She turned to her past experience: A trained urban planner, Bremner had spent several years as a planning director for the Kounkuey Design Initiative, working on community-led designs for public spaces in California’s Coachella Valley. “Because I had such a long history in Coachella, and an understanding of the Eastern Coachella Valley, in particular, some of the issues I’d seen there around water inequality became the central idea for the dissertation,” she says.

With the support of a Babbitt Center Dissertation Fellowship, which assists doctoral students researching water sustainability and resilience, Bremner examined the history of Indigenous water dispossession—an obscured but no less harmful form of land dispossession—that fueled the colonial settlement and agricultural growth in the Coachella Valley.

Her research, published in the Journal of Political Ecology in 2024, identified the practice of groundwater overdraft as an understudied and systematic form of dispossession, in addition to practices such as water grabbing, reallocation, or diversion. “Successful white settlement in the Coachella Valley could only happen through Indigenous water dispossession,” Bremner wrote in the paper, noting that “groundwater overdraft is not just a characteristic of early US settler colonialism in the Coachella Valley; it is ongoing.”

In this conversation, which has been edited for length and clarity, Bremner explains why good community engagement should allow a shift in power structures (but rarely does), shares a lesson she’s learned from her students, and describes why understanding the relationships among place, people, and power is essential to repairing any kind of injustice.

JON GOREY: What is the general focus of your work?

JESSICA BREMNER: My general focus is around spatial justice and spatial inequalities. Before doing the Babbitt Center research, I’d been much more focused on issues of housing. And in the Coachella Valley, housing is very much connected to issues of water—water quality, water scarcity, and water inequality.

I started working in the Coachella Valley in 2011 when I was working for the organization Kounkuey Design Initiative. We were invited by another organization who has a much longer history in the Coachella Valley, that had been working with Polanco parks [informal farmworker communities of up to 12 mobile homes] on many of their water quality issues. They invited us to work with them at this 100-household [mobile home] park in the eastern Coachella Valley. They had taken over the park from the previous owner to upgrade the housing conditions, and in the interim, they invited us to help spearhead a community engaged design process for this central public space. That’s actually how I first encountered these questions around water in the valley.

The settlers who came to the Southwest came with a particular view of how water works from the Eastern states … so usages and policies developed out of this geographic mismatch in how water functions. There’s a really interesting historical synchronicity between when the area was developed and what was going on … at the federal level in terms of infrastructure investment that has allowed water usage to grow through this infrastructure of water grabbing.

JG: What are you working on now, or hoping to work on next?

JB: There are some extensions of that project that I’m working on. Some of that work was really around this mismatch between land use regulations and water use regulations, and so I’m really interested in looking at that at the policy level. At the urban planning level, we’re not thinking about water when we’re making zoning decisions—that’s for the water district to let us know if there’s enough water for a certain use, right? Many people are looking at data center water use, and that’s not what my lane is. But I definitely see that it is highlighting that deficiency in how we zone for uses, and the relationship between those uses and water.

The [California State University] system has what’s called CSU Water, which is a network of researchers across the CSU system who work on different issues related to water in the state, and I’m a campus rep for that network. So I’m hoping to continue to work on multidisciplinary collaborations around water in California and tap into ongoing projects around water access, in particular. I’m also looking at moving back toward the housing side of the research, housing inequalities and affordability and informality, in particular informality in California.

Children play jump rope on a stage in the public space at St Anthony's mobile home park in the Coachella Valley
A new event stage in the public gathering space doubles as a play surface for children at St. Anthony’s mobile home park in the Coachella Valley. Credit: Kounkuey Design Initiative, 2014.

JG: Your work with the Kounkuey Design Initiative was very community driven. Can you talk about the importance of community engagement in policy and planning work?

JB: I have kind of a fraught relationship with community engagement, mainly because I think community engagement is incredibly valuable when it is deep and long—long in terms of time, and deep in terms of the type of engagement—and when it can really be about shifting power. Unfortunately, most of the engagement that we do in urban planning is short and superficial, and does not involve any sort of decision-making power shifts.

That does happen at the community organization level, like the projects that I’ve worked on and other community organizations have worked on, where you are more place-based, you’re engaging with community members, doing real organizing work and letting decisions be made through iterative discussions, and allowing community members to actually make decisions — and then, as someone who has power in a project, for instance, allowing those decisions to be … made, and not changing them. It’s an incredibly powerful process that we don’t really do in our formal government engagement processes.

JG: Have you encountered anything surprising or counterintuitive in your research?

JB: Almost everything, in many ways, was unexpected, except for the thing that I knew existed, which was the inequality. Some of the questions around growth and water dispossession… I hadn’t really thought much about before the work and maybe should have.

JG: What’s one thing you wish more people understood about spatial injustice or cultural geography?

JB: I end up structuring a lot of my classes around the relationship between people, space, and power, and how that actually structures the places we live in, and how those relationships are different based on local context. Being able to understand what those relationships are is really important if you are interested in enacting some sort of movement toward repairing any sort of injustice, whether it’s social or spatial. You need to understand what the relationship is between place, people, and power.

JG: Is there anything that you, in turn, have learned from your students?

JB: Just the importance of communication, and, for me, remembering that if someone isn’t understanding what is being said, it is not their fault, it’s my fault. If they’re not fully understanding, that means the guidance I give needs to be better, or there’s base information, foundational information, missing that I need to then add into whatever conversation we’re having. Just a reminder that we’re not all coming at an issue from the same level, and so it really is about first bringing everyone up to the same kind of basic knowledge base to be able to have any sort of nuanced and focused discussion.

JG: When it comes to your work, what keeps you up at night? And what gives you hope?

JB: I am always staying awake at night thinking about how I can structure the classroom so that students are able to craft and share their opinions in a productive, discursive setting, because it is so incredibly difficult to have people sit down and discuss a journal article or a larger concept.

And then I have hope because I enter the classroom at the beginning of the semester, and students are sitting at their desks with their phones in front of their faces, and the lights off, not talking to anyone, and by the end of the semester I’m coming into the classroom, and they’re sitting in their groups, talking to each other, and having lively discussions—to the point where I’m like, ‘Oh, I shouldn’t even start the class yet, because I don’t want to stop them engaging with each other like that.’

JG: What’s the best book you’ve read lately, or TV show you’ve streamed?

JB: I used to be a reader, but ever since the dissertation, you don’t read anymore … I talked to someone, and she was like, ‘It took me five years after I graduated to start picking up novels again.’ But two shows that I’m very excited to watch again are Drops of God and Ted Lasso. Especially Ted Lasso is such a nice antidote to the time we’re in. So I’m waiting for Ted Lasso to come back on, so I can get a new subscription for a month and binge watch both of them.


Jon Gorey is a staff writer at the Lincoln Institute of Land Policy.

Lead image: Jessica Bremner, assistant professor of urban geography at California State University, Los Angeles. Credit: Courtesy photo.

Blog Post
Aerial night skyline of Tegucigalpa, Honduras, from El Picacho Park. The landing strips of the airport are visible in the distance.

Can Exploratory Scenario Planning Help Latin American Communities Solve Their Water Challenges? 

By Jon Gorey, Maio 15, 2026

Toncontín Airport in Honduras—which sits squeezed inside the city limits of Tegucigalpa, the nation’s capital, itself nestled into a valley and surrounded by mountains—has long been one of the world’s most difficult and dangerous major airports to fly into. So in late 2016, Honduras began construction on a new airport at a former air base 50 miles northwest of the capital, with longer runways and a less treacherous approach.

When the new Palmerola International Airport opened in 2021 outside the small city of La Paz, it led to an explosion of nearby development. And that’s putting more pressure on the area’s already-strained water system.

Between an influx of residents moving closer to the airport and the new businesses and industries that have sprung up nearby, “there is exponential urban growth,” explains Alfredo Stein, a former lecturer in urban development planning at the University of Manchester who is now a Honduras-based executive board member with the Institute for International Urban Development (I2UD).

In April, I2UD, together with the Association for the Integrated Management of Watersheds of La Paz and Comayagua and other nonprofits, and with support from the Lincoln Institute’s Consortium for Scenario Planning, Latin America and the Caribbean, and Land and Water programs, hosted an exploratory scenario planning workshop in La Paz with a few dozen community members, private businesses, and local officials. A primary goal of the workshop was to strengthen collaborative water governance throughout the interconnected water system—from the headwaters of the upper basin to the urban neighborhoods below.

Even before the increase in water usage generated by the new airport and the resulting urban sprawl, city residents of the lower basin, which includes La Paz, only had running water for part of the day due to water supply shortages and inadequate infrastructure, explains Giovanni Pérez Macías, who helped facilitate the workshop. Meanwhile, the more rural upper basin—which is the source of much of the area’s water—is increasingly being cultivated for coffee production. Agriculture is a major driver of the Honduran economy, but it’s also a land use that can deplete and contaminate water supplies.

As in many places with interdependent rural-urban water systems, the watershed is managed by a patchwork of authorities—in this case, mostly local and neighborhood-led water boards—who are doing their best to serve their own communities. “The people in the lower part, they’re not fully aware of the complexities of conserving and producing water on the upper hill, and sometimes they’re not willing to contribute to cover the costs of producing this water that comes to the city,” Stein says. “So the idea of the workshop is to bridge this gap between the upper and lower basins.”

The two regions of the basin share similar challenges of “governability, climate change, technical issues, and financing,” says Alejandra Mortarini, vice president of I2UD. “The problem is, there is no money in the upper part, so somebody has to pay to cross-finance the work that people are doing in the upper basin.”

Given the impact the new airport is having on the region, Stein wonders if a per-passenger fee—something Costa Rica has had success with, he says—could help fund water quality management, conservation, and infrastructure. Or perhaps coffee producers and urban businesses could be persuaded to pay more for a guarantee of continuous water service.

“If they want to continue operating, and they will need water, there has to be a certain local fund that is established for the maintenance of this water producing process,” Stein says. “Is that going to be a levy, a tax? Municipal law in Honduras allows for a lot of these financial alternatives to take place.”

The workshops also explored long-term strategies to ensure greater resilience to climate risks. “The demand for water has increased quite dramatically, and this is happening in the context of severe climate impacts,” Stein adds—from more frequent dry spells to heavier rains that cause flooding. “So we have water stress, increased water demand, dwindling of water sources, dramatic land use change, wildfires, population explosion—those are the issues that this scenario planning workshop aims to address.”

The organizers (other partners included Habitat for Humanity Honduras and Goal Honduras) held a series of pre-workshops leading up to the April session to help community members identify a set of driving forces and future scenarios for attendees to contemplate together in more detail. The exploratory scenario planning framework helped create a supportive environment for conversations that can be uncomfortable, Pérez Macías says. “Talking about the future of a community turns out to be super common ground… It’s something that we all share.” Indeed, one of the scenarios was titled “Soñar no cuesta nada,” or “To dream costs nothing.”

Notes from the exploratory scenario planning workshop in La Paz, Honduras.
Notes from the XSP workshop in La Paz, Honduras. Credit: Giovanni Pérez Macías

By the end of the one-and-a-half-day April workshop, “something really amazing happened,” Pérez Macías says.

“You always have the risk that the final strategies are kind of out of reach of the community,” he explains. “Like, ‘We need a new national law,’ or ‘We need $10 million.’ So we ask them to think of strategies that are within their control. And that’s what happened: They decided that the very first strategy was to keep this group of people talking about water, and to try to build a local water board with different representatives from the upper basin, lower basin, NGOs, and government and economic clusters from the region.”

It’s that kind of tangible outcome that can make scenario planning such an effective tool for communities facing complex and interconnected challenges, says Heather Hannon, director of planning practice and scenario planning at the Lincoln Institute. As a community visioning exercise, “It’s designed to invite new ways of thinking about the future, but also to spur meaningful action and commitments in the present,” she says.

local community members and officials participate in an exploratory scenario planning workshop in La Paz, Honduras
Local community members and water officials participate in an exploratory scenario planning workshop in La Paz, Honduras. Credit: Giovanni Pérez Macías

The La Paz workshop was one of five projects focused on using exploratory scenario planning (XSP) to meet water challenges in Latin America selected for support through the Lincoln Institute’s Consortium for Scenario Planning and Latin America and the Caribbean program.

“Across Latin America and the Caribbean, communities are navigating growing pressures around water, land use, climate variability, and governance,” says Kristen Keener Busby, associate director of program implementation for the Lincoln Institute’s Babbitt Center for Land and Water Policy. “One of the most valuable aspects of these workshops has been creating space for diverse stakeholders to explore uncertainty together while identifying practical, locally grounded pathways toward long-term resilience.”

The other four selected projects, also getting underway, include:

  • A consortium of researchers from Bogota, Colombia, are using the exploratory scenario planning framework to address climate, environmental, and land use pressures on Laguna de Suesca in Suesca, Colombia, and inform the lagoon’s management plan, strengthen collaboration between communities and the environmental authority, and develop scalable approaches for resilient governance.
  • In Mexico, the Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara (IMEPLAN) is running an XSP process focused on flood risks to improve stormwater management and strengthen resilience, culminating in the implementation of a long-term flood management plan for the metro area.
  • Aquafondo, based in Lima, Peru, will bring together communities in the Santa Eulalia sub-basin to codevelop future scenarios for water governance and territorial management and identify long-term approaches to strengthen water resilience throughout the basin amidst institutional uncertainty and a changing climate.
  • Addressing increasing water scarcity in Argentina’s Mendoza River Basin, CONICET Mendoza, in coordination with local water user organizations, will employ XSP to foster participatory decision-making for equitable and sustainable water management across competing uses.

Learn more about Lincoln Institute RFPs, fellowships, and research opportunities.


Jon Gorey is staff writer at the Lincoln Institute of Land Policy.

Lead image: Aerial night skyline of Tegucigalpa, Honduras, from El Picacho Park. Credit: Leonid Andronov via Getty Images.

Conferências

Consortium for Scenario Planning 2027 Conference

Janeiro 27, 2027 - Janeiro 29, 2027

Los Angeles, California

January 27–29, 2027

 
The 2027 Consortium for Scenario Planning Conference will bring together planning professionals, academics, students, and other scenario planning and foresight practitioners to present their work, learn from one another, and expand their networks. The 10th annual conference will be held in Los Angeles, California, with our cohost, the Southern California Association of Governments (SCAG).


Conference Details

Data(s)
Janeiro 27, 2027 – Janeiro 29, 2027
Local
Los Angeles, California
Taxa de inscrição
$350.00

The conference registration fee is waived for students.

Session Proposals

The session proposal deadline has been extended to July 23. Possible session types include presentations, panel discussions, interactive activities, and more. We strongly encourage speakers to include some sort of audience engagement components in their session. We will notify accepted applicants in September.


Período de candidatura
Abril 29, 2026 – Julho 23, 2026

The application deadline is July 23, 2026 at 11:59 PM.


Palavras-chave

Mitigação Climática, Recuperação de Desastres, SIG, Habitação, Planejamento de Uso do Solo, Mapeamento, Planejamento, Planejamento de Cenários, Água

Eventos

NPC 2026 Session: APA Water and Planning Network Meeting

Abril 26, 2026 | 5:00 p.m. - 6:00 p.m. (EDT, UTC-4)

Detroit, MI United States

Offered in inglês

This meeting is for those interested in the American Planning Association’s Water and Planning Network, a gathering of land use planners and water systems planners who work towards better integration of water and land use planning led by the Lincoln Institute’s Mary Ann Dickinson. The network’s activities include newsletters and webinars on relevant topics. The next 12 months of the Network’s activities will be discussed.


Detalhes

Data(s)
Abril 26, 2026
Horário
5:00 p.m. - 6:00 p.m. (EDT, UTC-4)
Local
Marriott Renaissance Center Hotel
Joliet B Room
Detroit, MI United States
Idioma
inglês

Palavras-chave

Planejamento, Água, Planeamento hídrico

Eventos

NPC 2026 Session: Integrated Resource Planning—Where Land Meets Water

Maio 29, 2026 | 12:30 p.m. - 1:15 p.m. (EDT, UTC-4)

Online, Channel 1

Offered in inglês

This session will be presented by the Lincoln Institute of Land Policy at the American Planning Association’s National Planning Conference.

Pick up a range of perspectives and tools, including foundational context, local examples, and strategies using various planning frameworks, to advance the integration of land and water planning. Presenters bring a wealth of experience at multiple planning scales and contexts, both governmental and nongovernmental.

Resources:


Detalhes

Data(s)
Maio 29, 2026
Horário
12:30 p.m. - 1:15 p.m. (EDT, UTC-4)
Local
Online, Channel 1
Idioma
inglês

Palavras-chave

Planejamento, Água, Planeamento hídrico

Eventos

NPC 2026 Session: When the Cloud Drops—Planning for Data Centers

Abril 26, 2026 | 1:00 p.m. - 1:45 p.m. (EDT, UTC-4)

Detroit, MI United States

Offered in inglês

This session will be presented by the Lincoln Institute of Land Policy at the American Planning Association’s National Planning Conference.

As the demand for digital infrastructure and artificial intelligence accelerates, communities are increasingly approached by data center operators seeking suitable sites. While marketed as drivers of economic growth, these facilities often carry significant costs that are not fully transparent during the siting process. Data centers require immense physical resources—land for large footprints, vast amounts of water for cooling, and energy that strains local grids—raising questions about sustainability and long-term resilience. They also may introduce frontline communities to new sources of pollution, increased truck traffic, and environmental justice concerns, yet these voices are often marginalized in opaque political and regulatory processes. Promised economic benefits, such as job creation and tax revenue, are frequently overstated or unevenly distributed, leaving cities to shoulder environmental burdens with limited community gain.

This presentation convenes a diverse panel to unpack complex planning challenges such as critically assessing data center proposals, advocating for accountability, and elevating community priorities. By examining the trade-offs of siting decisions through the lenses of resource management, equity, and governance, you will leave with practical strategies to question assumptions, navigate political opacity, and build stronger negotiating positions to ensure decisions genuinely serve the long-term interests of municipalities and their residents.

Resources:


Detalhes

Data(s)
Abril 26, 2026
Horário
1:00 p.m. - 1:45 p.m. (EDT, UTC-4)
Local
HPCC
Room 420AB
Detroit, MI United States
Idioma
inglês

Palavras-chave

Planejamento de Uso do Solo, Planeamento hídrico

Tecnociudad

Proyectos solares de doble uso

Por Rob Walker, Março 4, 2026

Recientemente, la política energética de los Estados Unidos parece haber opacado las perspectivas a corto plazo de la energía solar. Sin embargo, si entrecerramos un poco los ojos, tendremos una visión más brillante de esta forma de energía renovable. Porque, en realidad, la tecnología fotovoltaica es cada vez más rentable como medio para abordar no solo el cambio climático, sino también las necesidades energéticas en general, que continúan en aumento. Y debido a que la demanda de energía solar significa demanda de espacio para colocar paneles solares o matrices de paneles, en los últimos años, se observó un marcado crecimiento en proyectos solares innovadores de doble uso, que dan un uso complementario al espacio dedicado a la generación de electricidad limpia.

Un ejemplo destacado y prometedor es el aumento de los sistemas agrivoltaicos: el uso de paneles solares elevados en tierras agrícolas, que permite que los animales de granja pasten o que los cultivos crezcan entre las filas de paneles. A nivel mundial, el despliegue de proyectos agrivoltaicos creció en forma significativa en los últimos años, y pasó de generar un total de 5 megavatios de energía en hora pico en 2012 a 14 gigavatios en 2021. (Un poco de contexto: un gigavatio resulta casi suficiente para alimentar en simultáneo cada hogar en una ciudad del tamaño de San Francisco).

La estrategia se impuso por primera vez en los países europeos y del sudeste asiático como medio para alcanzar los objetivos de energía renovable sin sacrificar la capacidad agrícola ni la seguridad alimentaria, ya que cuentan con una capacidad limitada de suelo cultivable. El concepto de combinar la generación de energía solar con la agricultura se remonta al menos a la década de 1980, y el investigador francés Christian Dupraz en el Institut National de la Recherche Agronomique (INRAé) acuñó el término “agrivoltaico” en 2011 en estudios de los beneficios del uso combinado del suelo.

En Japón, el pionero Akira Nagashima analizó el crecimiento de los cultivos debajo de los módulos fotovoltaicos dentro de los primeros sistemas piloto de investigación en 2004 y promovió la tecnología con el nombre “energía solar compartida”. Desde 2012, y gracias en parte al apoyo gubernamental, Japón ahora cuenta con más de 3.000 sistemas agrivoltaicos a pequeña escala. En 2014, China instaló los primeros sistemas agrivoltaicos a gran escala y sigue siendo el país con la mayor capacidad instalada del mundo. En Europa, el primer prototipo de un sistema de paneles solares móviles suspendidos se construyó en Austria en 2007. Francia fue el primer país europeo en dar apoyo sistemático al uso agrivoltaico a finales de la década de 2010; desde entonces, Alemania, Italia y otros países desarrollaron sus propios programas.

Los Estados Unidos se demoraron un poco más en adoptar la práctica, pero un mapa realizado por la organización de investigación energética OpenEI muestra más de 600 proyectos de este tipo en todo el país en la actualidad. Hace tan solo diez años “no existía un mapa y nada de esto sucedía” en los Estados Unidos, indica Matthew Sturchio, un profesor asociado en Ecología de la Universidad Estatal de Colorado cuya investigación se centra en proyectos ecovoltaicos de manera más amplia. Parte de las investigaciones recientes de Sturchio se centraron en el manejo de pastizales en la Front Range de Colorado, y revelaron que la sombra de los paneles solares elevados puede mitigar los efectos de la aridez crónica, así como los efectos de estaciones inusualmente cálidas y secas. Los estudios realizados por investigadores en Arizona y otros lugares han abordado, de manera similar, la función que la energía solar puede desempeñar en reducir los impactos del clima árido en los cultivos y los pastizales.

La configuración de los sistemas ecovoltaicos varía en función de los objetivos y el contexto. Algunos diseños cuentan con filas de paneles muy espaciados que permiten que los tractores y el equipo agrícola operen entre ellos. Otros emplean estructuras de montaje elevadas que mantienen los paneles suspendidos a una altura suficiente para dejar espacio para el pastoreo del ganado o los cultivos de alturas considerables debajo. Los sistemas de inclinación fija ofrecen simplicidad y menores costos, mientras que los sistemas de seguimiento (que siguen la trayectoria del sol) pueden optimizar tanto la generación de energía como la exposición a la luz de los cultivos durante todo el día. Una investigación de la Universidad de Arizona descubrió que los tomates, los pimientos y otras verduras cultivadas bajo paneles solares tuvieron mayores rindes en comparación con el cultivo tradicional a pleno sol, al tiempo que usaban mucha menos cantidad de agua.

La aplicación más popular de los sistemas agrivoltaicos en los Estados Unidos implica el pastoreo de ganado debajo y alrededor de los paneles solares. De los alrededor de 250 proyectos con ganado en 2025, más de 230 correspondían a ganado ovino, según Inside Climate News (lo que resulta el irresistible término en inglés “lambscaping”, que combina las palabras “lamb [cordero]” y “scaping [paisajismo]”. Una aproximación en español podría ser “paisajismo ovino”). La American Solar Grazing Association (Asociación Estadounidense de Pastoreo Solar) estima que los sitios solares de los Estados Unidos ahora albergan alrededor de 5.000 ovejas.

La proliferación constante de esfuerzos de doble uso subraya el creciente reconocimiento de que abordar el desarrollo de la energía renovable es en parte un problema de uso del suelo. “La mayoría de nuestras respuestas al cambio climático implican hasta cierto punto el suelo”, señala Patrick Welch, director asociado de Sostenibilidad Urbana del Instituto Lincoln, e incluso en el contexto de las energías renovables no todas esas implicaciones son acertadas. “Se ven ejemplos de bosques talados para, luego, colocar una granja solar a gran escala”, o el desplazamiento de usos agrícolas, continúa. “Se está utilizando suelo que brindaba otra función”. Y esas instancias también pueden provocar la oposición pública a los proyectos de energía renovable.

La consecuencia ha sido un mayor énfasis en aprovechar al máximo el suelo y otras superficies que no implican desplazamiento. Welch señala el ejemplo del análisis geoespacial de alta resolución del Centro de Innovación para la Conservación (CIC, por sus siglas en inglés) de Chesapeake Conservancy, que concluye que las instalaciones como techos, marquesinas de estacionamiento, terrenos industriales y propiedades degradadas podrían sumar espacio suficiente para respaldar los objetivos de energía renovable de Maryland. Los proyectos de doble uso pueden ser otra solución productiva. “El contexto local es muy importante”, comenta Welch, “pero hay formas de resolver estos conflictos sobre el uso del suelo de una manera que sea más beneficiosa para todos”.

La idea va más allá de los proyectos agrícolas tradicionales. Las instalaciones solares en pastizales también pueden ser refugios para los polinizadores: las abejas, las mariposas y otros insectos esenciales para la productividad agrícola y la salud del ecosistema; incluso las granjas vecinas podrían disfrutar de mejores niveles de polinización que pueden aumentar los rendimientos de los cultivos. Varios estados de los Estados Unidos desarrollaron estándares solares y programas de incentivos amigables con los polinizadores; Minnesota fue pionera en la legislación que establece pautas para el manejo de la vegetación que fomenta la polinización.

Otra aplicación solar de doble uso, denominada sistemas “flotovoltaicos”, despliega paneles en pontones sobre embalses, estanques de riego y cuencas de aireación en instalaciones de tratamiento de aguas residuales, a fin de generar energía limpia sin ocupar suelo que puede destinarse a otros usos. El agua enfría los paneles, porque el proceso de evaporación absorbe el calor del aire circundante y porque el agua tiende a absorber el calor, y mantiene la temperatura del aire por encima de la superficie más fría que si estuviesen instalados por encima del suelo. Esto puede aumentar la eficiencia de los paneles en varios puntos porcentuales en comparación con los sistemas montados en el suelo en climas cálidos. A la vez, los paneles dan sombra a la superficie del agua y reducen la evaporación, un beneficio clave en las regiones propensas a la sequía.

Vista del lado de paneles solares flotando en el lagua en un lago. En el agua, se ve el reflejo de varios árboles.
Paneles solares flotando en un lago en Tailandia. Los “flotovoltáicos” no solo generan energía limpia, sino también reducen la evaporación del agua. Esta tecnología se está expandiendo rápidamente en el sudeste asiático y en Sudamérica. Crédito: iStock/Getty Images Plus.

Los estudios sugieren que la energía solar flotante puede reducir la evaporación del reservorio en un 70 por ciento o más en áreas cubiertas, y preservar volúmenes sustanciales de agua para riego o uso municipal. En contextos agrícolas, la energía solar flotante en los embalses de riego permite a los agricultores generar ingresos a partir de la generación de electricidad al tiempo que mejora la conservación del agua. Japón, Corea del Sur y China se convirtieron en líderes mundiales en esta tecnología, con instalaciones que van desde pequeños estanques agrícolas hasta proyectos masivos a escala de represa. A medida que la tecnología madura y los costos disminuyen, la energía solar flotante se expande a nuevos mercados, en particular en el sudeste asiático y América del Sur, que cuentan con cuerpos de agua apropiados disponibles.

Según la investigadora de mercado Exactitude Consultancy, el mercado global total de energía solar flotante se valoró en alrededor de USD 8.700 millones en 2025 y se proyecta que se disparará a más de USD 75.000 millones para 2034. Otras estimaciones varían, pero la tendencia es en alza. La región de Asia-Pacífico continúa liderando el despliegue global; Japón representa alrededor del 14 por ciento de los ingresos del mercado global en 2024, y la instalación más grande del mundo en la actualidad es la Granja Solar Flotante Dezhou Dingzhuang en China, que genera alrededor de 550 millones de kilovatios-hora de electricidad por año, suficiente para servir de suministro a 50.000 hogares. Por supuesto que los proyectos de doble uso tienen límites. En general, los sistemas agrivoltaicos cuestan más que los sistemas solares convencionales montados directamente en el suelo, y requieren estructuras de montaje especializadas, mayor espacio entre los paneles y otras consideraciones que complican el diseño. La integración agrícola también puede implicar restricciones que pueden reducir la generación general de energía en comparación con las instalaciones solares de un solo propósito.

El costo también es un desafío para la energía flotovoltaica: el análisis sugiere que el costo de la energía de los sistemas de generación flotantes puede ser alrededor de un 20 por ciento más alto que el de los sistemas fotovoltaicos montados en el suelo, en gran parte debido a los equipos de flotación especializados. Aun así, los menores costos de adquisición de suelo y los mayores rendimientos de energía de los paneles refrigerados por agua ayudan a compensar esos costos. Y, a medida que la implementación se extiende y la tecnología madura, el mayor costo frente a otros sistemas debería seguir disminuyendo.

Mientras tanto, los marcos normativos y regulatorios no siempre siguieron el ritmo de las nuevas tecnologías y las nuevas ideas, y adaptar estos marcos para reconocer y recompensar los enfoques de doble uso puede ser un desafío. Pero a medida que la demanda de energía sigue creciendo y la energía solar sigue siendo una opción clave, los beneficios son innegables. Por ejemplo, según investigaciones de evaluación del ciclo de vida centrada en el pastoreo, la generación agrivoltaica produce un 3,9 por ciento menos de emisiones y un 0,5 por ciento menos de demanda de energía en comparación con los sistemas fotovoltaicos convencionales y el pastoreo de ovejas por separado. “El punto de la energía ecovoltaica es ver en qué lugar del mundo se pretende instalar y cuál es el tipo de servicio ecosistémico que sería más útil en este entorno”, comenta Sturchio.

Si bien la financiación es limitada por el momento, la tendencia más amplia es clara: “No importa cuál sea la opinión de la sociedad sobre la energía solar, está sucediendo y está sucediendo a gran escala. Así que todos queremos saber cuál es la mejor versión, si hay una mejor que la otra, qué hay que resignar y cuáles son las sinergias”. En Europa y el sudeste asiático, es posible que algunos países terminen utilizando entre el 10 por ciento y el 20 por ciento de las tierras agrícolas para proyectos de doble uso.

Es probable que el refinamiento tecnológico mejore la economía y el rendimiento de estos experimentos solares. Por ejemplo, los paneles solares semitransparentes que permiten la transmisión controlada de la luz podrían permitir diseños agrivoltaicos aún más flexibles. También es posible que surjan avances en las estructuras de montaje, la eficiencia de los paneles y las técnicas agrícolas específicamente adaptadas a la integración solar.

A pesar de las decisiones políticas, el cambio climático continuará presionando tanto los sistemas energéticos como la productividad agrícola, y los proyectos solares de doble uso ofrecen un camino que aborda ambos desafíos; por ende, su futuro se ve brillante.


Rob Walker es el autor de Tecnociudad: 20 aplicaciones, ideas e innovadores que cambian el panorama urbano y The Art of Noticing. Conozca más de sus trabajos en robwalker.substack.com.

Imagen principal: Ovejas pastando en una pradera de paneles solares en Alemania. Los paneles solares elevados permiten que el ganado pueda descansar en la sombra y pastar a sus alrededores. Crédito: Frederick Doerschem via iStock/Getty Images Plus.